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miércoles, diciembre 28, 2005

La energía negativiescéptica

Hace poco hablábamos de dos (pseudo)-científicos de la Universidad de Amsterdam, que habían "demostrado" la existencia de la telepatía telefónica.

Bien, ahí no acaba la cosa, porque también han "demostrado" (redoble de tambores)....

La existencia de la energía negativa que emana todo escéptico que se precie



Pues sí. Resulta que hay gente que es capaz de saber cuando alguien le está mirando sin necesidad de establecer contacto visual con el mirón de turno. Afirmación hecha por Rupert Sheldrake, y que por supuesto, es capaz de obtener resultados asombrosos en sus experimentos.

Así que de nuevo Lobach & Bierman, intentan reproducir los resultados (.pdf). Cogen a varias personas, y los colocan en una habitación, donde los observa o no una persona. El observador tiene que decir si le están mirando o no, y se anota si es un fallo o un acierto.

La gran innovación está en que se dividió a los mirones entre "escépticos" y "creyentes". En total, había dos tandas a cada observado en que cada mirón miraba al observado 15 veces y no miraba otras 15 veces por tanda, siendo los resultados finales los siguientes:

Cuando miraba un creyente, la media de aciertos era 7.40±2.39 (49.9%)
Cuando no miraba un creyente, la media de aciertos era 7.19±2.24 (48.5%)
dando un total general de 48.9% de aciertos.



Cuando miraba un escéptico, la media de aciertos era 8.06±2.14 (54.3%)
Cuando no miraba un escéptico, la media de aciertos era 7.51±2.27 (54.3%)
dando un total general de 52.3% de aciertos.



Pues bien, esos 8.06 (±2.14) aciertos de media frente al 7.50 teórico, cuando mira un escéptico son los que dan pie a los autores para concluir que

"la tasa de aciertos cuando mira un escéptico es marginalmente significativa"



o lo que es lo mismo, que nos han descubierto.

¿Por qué no aparecen fenómenos paranormales cuando hay un escéptico presente en la sala? Por la energía negativa que emanamos, y que hace que cualquier fenómeno paranormal se vuelva mundano.

Es la que hace que las naves extraterrestres se conviertan en gases emitidos por misiles. La misma que transforma una auténtica y acojonante fotografía paranormalísima en burdos montajes, que cambia la posición de los bigotes de la Benemérita, y que incluso convierte en chapuceros unos estudios informáticos de comparativa forense o que teleplastias impresionantes se conviertan en una mancha difusa, como si alguien hubiera pasado una fregona pringada en aceite


Así que ya lo saben. Si sus grabadoras no captan psicofonías, si sus pirámides les pudren los filetes de pollo, si los extraterrestres no les quieren abducir, o si sus medicinas homeopáticas no recuerdan como curar la gripe, es porque hay algún escéptico mirando.

domingo, diciembre 18, 2005

Ring, ring ¿quien es?

En una ocasión hablamos de un artículo de El País Semanal, donde hacían un reportaje acerca de Rupert Sheldrake, y sus teorías (por llamarlas de alguna manera), acerca de la telepatía, inconsciente colectivo y demás zarandajas.

Una de sus sorprendentes afirmaciones es que una persona es capaz de saber quién está llamando por teléfono antes de responder. El caso es que hay gente que incluso cree que estas afirmaciones son ciertas más allá de lo esperado por azar, y así, hemos encontrado a dos profesores de psicología de la Universidad de Amsterdam que han intentado replicar experimentos previos de Sheldrake, cuyo resultado se puede leer en un artículo titulado "Who's calling at this hour? Local Sidereal Time and telephone telepathy" (.pdf) ("¿Quién llama a esta hora? Telepatía telefónica y Hora Sidérea Local "), perpetrado por Eva Lobach y Dick Bierman, y publicado en los proceedings una Convención de la Asociación Parapsicológica en 2004.

La afirmación original de Sheldrake es que el hecho de que una persona adivine quien está llamando antes de coger el teléfono no es por azar, sino por telepatía. ¿A quien no le ha pasado que está pensando en alguien, y justo en ese momento esa persona llama por teléfono?. De lo que no se suele acordar la gente es de aquellas veces que la persona que llama no es en quien pensábamos.

Pero ahí no acaba todo. Se supone además que se encontró experimentalmente una correlación entre la hora sidérea local y la capacidad de saber quien llama, habiendo una hora "punta" a eso de las 13.30 (hora sidérea local ).

Así que ni cortos ni perezosos, Lobach & Bierman escogieron 6 personas que decían tener ese tipo de experiencias. Cada una de ellas, escogió 4 amigos o familiares, que les llamarían por teléfono según el azar dictado por un dado lanzado por un experimentador. Antes de coger el teléfono, la persona decía en voz alta quien estaba llamando, cogía el teléfono, y otro experimentador anotaba si era un fallo o un acierto.

Se hicieron 36 intentos para cada persona, repartidos de esta forma : 3 series de 6 intentos en hora punta (un total de 18 intentos), y 3 series de 6 intentos en hora valle (otros 18 intentos), y los resultados fueron los de esta tabla:

que a falta de mayor detalle en cada una las 3 sesiones de 6 intentos, lo tomaremos como que hubo una sesión de 18 intentos en la hora punta, y una sesión de 18 intentos en hora valle a cada persona.

Lo primero que resulta curioso comprobar es que 4+4+2+6+4+6 (hits en non-peak hour) no son 27 sino 26. En fin, un errorcillo de imprenta, suponemos.

Hay dos valores no registrados, debido a que el registro del experimentador que determinaba quien llamaba, y el del que comprobaba el acierto eran distintos en la hora de llamada anotada, pero en el texto nos indican que había sido un acierto (y que así constaba en los registros). Y como somos buenos, vamos a aceptar el acierto.

Hay varias formas de tratar los datos. Una de ellas es considerar que cada persona representa una serie de 18 o 36 intentos de la que ha obtenido un valor, y luego se ha calculado la media de estas 6 series para determinar si existe un efecto real. Este es el enfoque que han escogido los autores, y que vamos a seguir.

Los resultados según esta forma de tratar los datos, es que en total se obtuvo un 29% de aciertos (una media de 10.8 sobre 36 intentos), más que el 25% esperado por azar (una media de 9 sobre 36).

Respecto a la influencia de la hora, se obtiene que en la hora punta la media de aciertos era de 6.33 sobre 18 (35%), y en hora valle 4.5 sobre 18 (25%, que coincide con la media esperada por azar).

Ahora viene la pregunta del millón ¿estos datos se pueden atribuir a una "tirada con suerte" de azar puro y duro, o hay un efecto real de telepatía telefónica?. Para evaluarlo, existen tests que determinan cual es la probabilidad de que el resultado obtenido no haya sido debido a la teoría que se está testando. El más común es el de chi-cuadrado (χ2), pero que con pocas muestras puede ser impreciso. En el artículo usan el test t de Student, más útil para pocas muestras. En ambos casos, de la prueba se obtiene un valor, que se compara con uno que está tabulado en función del número de datos de la estadística experimental (grados de libertad), y del nivel de confianza. Éste nivel de confianza se suele tomar del 95% (p=0.05 o p=0.95 según el lugar que se lea). Si el valor de la prueba es menor que el tabulado, entonces podemos pensar que nuestra teoría no es falsa con un margen de confianza del 95%. En caso contrario, habría que tomar en serio la posibilidad de que la teoría es falsa.

En nuestro caso, la teoría a testar es que los resultados son producidos por azar, y lo que habría que obtener en estos tests es un resultado mayor que los tabulados para pensar que puede existir otra teoría.

El test de chi-cuadrado se puede comprobar que da negativo en los tres casos (hora punta, hora valle y total). El test t de Student en el artículo da un resultado positivo tanto en hora punta como en el total. No hemos podido encontrar una forma de comprobarlo, así que vamos a optar por un análisis más de andar por casa, con menos rigor, pero más ilustrativo.

Podemos agrupar los datos de dos formas: series de 18 intentos, y series de 36 intentos. En cada serie, hay una probablidad de acertar un número determinado de veces. Aunque la cuenta de la vieja nos dice que hay que acertar 4.5 veces para series de 18 intentos (9 para 36), en realidad, nada nos impide acertar 10 veces, y que siga siendo por puro azar. Pero si realizamos un número elevado de series, y anotamos cuantas veces acertamos 1, 2 , 3... o 18 veces, se pueden obtener distribuciones de aciertos tal que así:

Distribución que corresponde estrictamente a lo esperado por azar. De aquí se pueden hallar dos parámetros muy importantes: la media y la desviación.

La media corresponde a lo que calculamos por cuenta de la vieja (4.5 para 18 intentos, 9 para 36), pero también importante es la desviación, que nos indica entre qué valores varía el número de aciertos cada vez que hacemos una prueba, o entre que valores se reparten con mayor frecuencia los aciertos.

Para series de 18 intentos, la media teórica es de 4.5, y la desviación de 1.83 (marcado en la gráfica como el punto con las barras, 4.5 ± 1.83), lo que quiere decir que el 66% de las veces, se acertarán entre 4.5-1.83=2.87 (3 veces) y 4.5+1.83=6.33 (6 veces), y el 95% acertará entre 1 y 8. Para series de 36 intentos, la media teórica es 9 ± 2.6

Sin embargo, en este artículo se han hecho sólo 6 series, lo que parecen pocas, y es fácil obtener resultados de medias que no correspondan a la teórica. Para obtener los valores teóricos, habría que repetir las series un elevado número de veces.

En el caso de las 6 series de 36 intentos, la media determinada es de 10.8 ± 2.13. ¿Es posible obtener este valor sólo por azar?. Para ello, hemos generado por azar valores de 6 series de 36 intentos, y los hemos comparado con la media teórica y la obtenida por Lobach & Bierman:

El punto representa el valor medio, y las líneas representan la desviación a cada lado. Y sí, el valor obtenido experimentalmente se puede obtener sólo por azar. Además, el valor experimental entra dentro del rango de media±desviación teórico, lo que suele ser significativo de que los valores son coherentes con la misma teoría (en este caso, que los valores se obtienen por puro azar).

Igual podemos hacer para las 6 series de 18 intentos, donde se obtenía en la hora punta un valor de 6.33±1.75, y para la hora valle 4.5±1.51:

De la hora valle no hace falta hablar.

En el caso de la hora punta, el valor está justo en el límite de entrar en el rango de 4.5±1.83 teórico, aunque sin embargo, sigue siendo posible encontrar resultados parecidos sólo por azar.

El mayor problema del trabajo de Lobach & Bierman, está en que a pesar de hacer un total de 216 intentos, se han agrupado en sólo 6 series, una por persona, de donde se obtienen los datos. Haciendo tan pocas series se pueden obtener una gran variedad de medias (con sus desviaciones), así que ¿cuál es la probabilidad de haber sacado estas medias sólo por azar o por el contrario, que haya salido porque existe un fenómeno real, desconocido y negado por la malvada ciencia oficial?. Eso es lo que miden los test chi-cuadrado y t de Student de que hemos hablado antes.

Aquí vamos a hacerlo "a lo bruto". Vamos a hacer un número elevado de veces un experimento de 6 series de 18 y 36 intentos, y cada vez, vamos a calcular la media. Luego contamos las veces que ha salido cada media, agrupadas en intervalos de 0.5, es decir, contamos el número de veces que la media sale entre 4 y 4.5, entre 4.5 y 5, etc... Para series de 36 intentos, el resultado es:


Todos los valores obtenidos se distribuyen alrededor de la media verdadera (9), entre 6 y 14. Si en vez de 6 series, hubieran sido 12, 24 o 527 series de 36 intentos, esta distribución hubiera sido más estrecha, es decir, habría menos dispersión en los valores que se pueden obtener como media. En todo caso, el punto experimental resulta tener una probabilidad de un 3% para salir en un experimento sólo por azar, mientras que la media verdadera (9 aciertos), tiene menos del 20% (1 de cada 5) de probabilidad de salir.

Es interesante ver como a pesar de ser lo esperado por azar, es más fácil que salga cualquier otro valor (80%) distinto a la media (20%). Cualquier medida de cualquier experimento se distribuye siempre alrededor de un valor verdadero como el mostrado arriba. Por eso es necesario repetir siempre los experimentos, comprobar si el valor obtenido experimentalmente entra o no dentro de la distribución de valores y determinar la media real. También es importante el diseño del experimento para que la anchura alrededor de la que se distribuyen los valores sea lo más estrecha posible, esto es, tener un experimento con la resolución necesaria. Si de pronto un valor no entrara dentro de la distribución, entonces se podría sospechar que ha habido algún fallo en el experimento, o que la teoría utilizada es incorrecta (en ese orden).

Pero en nuestro caso, el valor de Lobach & Bierman entra dentro de la distribución esperada por azar. Sólo si tras un número elevado de experimentos, los valores se agruparan en torno a este 10.8 en vez del 9 teórico, se podría decir que hay un efecto real. Cómo solo tenemos un dato, no se puede concluir que el efecto exista, porque no hay datos suficientes.

Podemos hacer lo mismo para el caso de 6 series de 18 intentos, donde un valor estaba en el límite de lo esperado por azar:


y se puede ver que mientras un valor (el de la hora valle) está en la media, el otro (hora punta) a pesar de estar cercano al límite, todavía entra dentro de lo esperado por azar. Una vez más, sólo es un punto, y no es posible concluir la existencia del fenómeno, a menos que se repita el experimento un número elevado de veces, y las medias de cada uno se agrupen en torno a 6 aciertos.

Repeticiones por cierto, que implican hacer colaborar a las mismas personas cada vez, y puede que no todas tengan ganas de colaborar tanto. Nadie dijo que investigar fuera fácil, ni cuestión de una tarde.

Las conclusiones

En realidad, el estudio es más chapucero de lo contado aquí. Resulta que a la hora de hacer las llamadas, hubo ocasiones en que no todas las personas que iban a llamar estaban disponibles. Es decir, había veces que mientras que la persona llamada intentaba adivinar entre 4 personas distintas, en realidad sólo recibía llamadas de 2 personas porque las otras estaban en la ducha, o dumiendo. Y hubo dos resultados que se anularon por problemas en los registros (aunque aquí los hemos considerado válidos). Esto hace que los valores no sean comparables entre sí y haya que hacer "ingeniería combinacional" para relacionarlos.

Por otro lado, el diseño del experimento tampoco es del todo acertado. Ante todo, se presupone que las personas tienen la misma capacidad de adivinar quien les está llamando. Imaginemos que una de ellas sí tiene esta capacidad, pero las otras 5 no. Al considerar todos los resultados juntos, en realidad se está "ocultando" la capacidad de esa persona entre el "ruido" aleatorio de las otras 5. Lo correcto hubiera sido hacer muchas series, de muchos intentos a cada persona por separado, y no una sola serie de 18 o 36 intentos, según se interpreten los datos, para determinar si esa persona tiene o no la capacidad.

Pero todo esto no es obstáculo para que los autores concluyan que:

"Los resultados muestran una débil evidencia para apoyar la hipótesis de que la Hora Local Sideral afecta a un fenómeno de cognición anómala como la telepatía telefónica. Nuestra muestra era pequeña, y el alto número de sesiones con irregularidades debilitaron aún más la potencia de nuestros análisis. Sin embargo, los resultados son prometedores y se garantiza que habrá réplicas de ellos.

(...)

Los resultados apoyan la existencia de la telepatía telefónica. En general, nuestros participantes acertaron correctamente más de lo esperado por azar. La evidencia no es tan impresionante como el 45% de Sheldrake(2003), sin embargo puede ser debido a su preselección de participantes a través de un estudio previo, mientras que nosotros empleamos un criterio de selección flexible incluyendo sólo a aquellos participantes que declararon haber tenido experiencias de telepatía telefónica en el pasado"


que traducido al castellano, viene a decir:

"Los resultados son pobres porque la muestra era pequeña, la mayoría de series presentaban irregularidades, y ni siquiera sé a ciencia cierta si los participantes tenían la capacidad que decían, por lo que un análisis puede dar cualquier cosa; pero como ha dado un resultado que me gusta a mí, la hipótesis queda apoyada."

viernes, mayo 13, 2005

Mi ordenador es telépata

...O esa conclusión sacarían Marisol y José Antonio Roldán tras comprobar cómo unos resultados suyos obtenidos en un macro - experimento han sido reproducidos en los laboratorios secretos de Gluón con Leche, financiados por la CIA, el KGB y Protección Civil de Pardilla (Burgos).

En Noviembre de 2004, Roldán & Roldán decidieron llevar a cabo un macro - experimento (sic) de percepción extrasensorial aprovechando un certamen en Barcelona. En él, evaluaron en 1356 personas su capacidad telepática de azar con cartas Zener. Para aquellos despistados, decir que una baraja Zener está formada por 25 cartas, divididas en 5 grupos o palos (círculos, cuadrados, estrellas, ondas y cruces), y no tienen nada que ver con los (más útiles) diodos. La prueba consiste en barajar las cartas, para sacarlas de una en una sin que las vea el supuesto telépata. Éste debe adivinar qué palo ha salido, según las percepciones que reciba. Un número significativo de aciertos, mostraría (hipotéticamente) que esa persona tiene ciertas capacidades extrasensoriales.

En sus conclusiones, destacan que para su sorpresa, el 45% de la gente, fue capaz de acertar más cartas que lo esperado por puro azar. Y que de ellos, un 12% fue capaz de acertar un número muy alto de naipes.

En Gluón con Leche hemos ido más allá, y hemos decidido simular el experimento, con la ayuda de un ordenador y un pequeño programa, que debido a los nulos conocimientos de flash, los lectores de esta bitácora pueden bajarse gratis en C++ para compilarlo ellos mismos, y experimentar por su cuenta: PES.cpp.

Como una muestra de 1356 parecía pequeña, decidimos realizar la simulación un millón de veces, representando cada vez a una persona que se somete al experimento. En cada experimento simulado, barajamos las cartas generando aleatoriamente una lista de 25 cartas compuestas de 5 naipes de 5 palos distintos. Luego, aleatoriamente también se genera una lista de predicciones de 25 naipes, sin tener en cuenta el número de naipes por cada palo. Se ha hecho así bajo la suposición de que con un número alto de cartas (25), una persona no se va a preocupar de contar cuantas veces ha predicho ya tal o cual palo. Luego, se comparan ambas listas posición a posición, y se anota el número de coincidencias obtenidas, que se interpretan como aciertos.

Conviene señalar una vez más que en la simulación el proceso es aleatorio, y el ordenador no entra en trance, ni se concentra para adivinar carta alguna.

Corrido el programa, he aquí los resultados:

- El 38.3% de las personas, acierta más veces a lo esperado por azar (de 6 a 16, siendo 5 lo esperado)
- De ellos, el 12.2% acierta un número elevado de cartas (de 9 a 16 aciertos)

Resultados similares a los obtenidos por Roldán & Roldán. Pero, ¡oh, sorpresa!, estos resultados has sido generados por azar. El truco está en que Los Roldanes, o bien no saben nada de números, o muy al contrario, saben demasiado bien cómo presentarlos para que parezcan algo que no son.

Como una imagen vale más que mil palabras, representemos en un histograma el número de aciertos frente al porcentaje de veces que se han obtenido esos aciertos. Es decir, vamos a representar un histograma, o distribución de probabilidad.



(Pinchar para ver ampliado)

Como se puede comprobar, los mismos datos en una gráfica pierden la espectacularidad que parecían tener explicados de palabra.

Cualquier matemático, cualquier persona que haya experimentado mínimamente en un laboratorio, o cualquier persona con un mínimo conocimiento de estadística, reconoce la forma de esa distribución: en primera aproximación, es una Campana de Gauss, o Gaussiana, que aparece en cualquier tipo medida sistemática. Se caracteriza por tres valores:

- Valor medio: Al hacer muchas medidas de un mismo sistema, éstas se distribuyen en torno a un valor central o medio, que se toma como valor verdadero de la medida, mientras que el número de veces que salen otros valores es menor cuanto más lejos estemos de ese valor medio. Es un valor que depende principalmente de qué se va a medir, y en menor medida del sistema de medida (la capacidad telepática o probabilidad de acertar, con una baraja Zener)

- Anchura: También llamada desviación típica. Se relaciona con el rango de valores de una serie de medidas. Exactamente, determina entre qué rango de valores caería una medida 2 de cada 3 veces. Es un valor que depende principalmente del sistema de medida (una baraja con 5 palos de 5 naipes produce una anchura distinta que una baraja con 7 palos de 7 naipes)

- Área: Se relaciona con el número de veces que se lleva a cabo el experimento. Se sustituye a menudo por la Amplitud, que determina la probabilidad (máxima) de que al hacer una medida el resultado sea el valor medio. Cuando se usa la amplitud, la anchura se cambia por su mitad (la semianchura)

Aplicada esta receta a nuestra distribución, tenemos que el valor medio es de 5 aciertos (las "centésimas de acierto" no existen, por lo que se redondea al número entero más próximo), y que la probabilidad es del 19.9%, que, teniendo en cuenta el error estimado, está de acuerdo con lo que cualquiera calcula usando el popular método de "la cuenta de la vieja": 25 cartas con probabilidad de 1 entre 5 (20%), hacen un total de 5 aciertos. Cuya interpretación correcta según una gaussiana es que un 20% de las veces se acertarán 5 cartas, mientras que el 68% de las veces, una persona acertará de 3 a 7 cartas, debido a los 2 aciertos de semianchura.

Aquí hay que señalar que Roldán & Roldán dicen en su artículo que la media esperada por cuenta de la vieja, es de entre 6 y 7 aciertos. Esto hace pensar que o bien no conocen tal método, o que usan una baraja Zener distinta.

Respecto a la afirmación de que el 45% acierta por encima de la media, nos basta con ver como con nuestra distribución el 38.3% también acierta por encima de la media. Y estos resultados no son aciertos por encima de lo previsto por azar, sino precisamente ¡Los esperados por azar!

Por si a alguien le parece que del 45% a 38% hay una diferencia significativa, comentar que en el experimento simulado la muestra es muchísimo mayor, o cual siempre reduce las fluctuaciones estadísticas, que es la posible explicación al resultado de Los Roldanes. Como ejemplo, he aquí tres series de simulaciones con una muestra de 1356 personas:


(Pinchar para ver ampliado)

Cada barra corresponde a una serie, y los puntos a la media aritmética de las tres series. Una vez más, el valor medio y la probabilidad son las que tienen que ser. Si se fijan en las barras, verán que para un mismo número de aciertos (4 por ejemplo) el valor obtenido puede variar significativamente entre ellas. De igual forma, el porcentaje de aciertos mayor a la media también fluctúa.

¿Y qué hay de ese 12% que acierta un alto número de cartas? Este es el punto que hace pensar que sí saben de números para poder presentarlos de forma llamativa. Porque un 12% de un 45% es un mucho menos llamativo 5.4% del total. Para Roldán & Roldán estos aciertos altos son de 12 a 16 naipes. Para obtener resultados similares, junto con una media de 6 aciertos como ellos, se necesitarían 24 cartas en 4 palos de 6 naipes cada uno. Ante el desconocimiento de qué baraja exacta usaron, hemos tomado estos aciertos entre 9 y 16, obteniendo un 12.2%, que representan un insignificante 4.7% del total. Una vez más, datos similares obtenidos sólo con el azar, sin poner al ordenador en trance.

Un último punto, en su macro - experimento dicen que 14 personas se acercaron al 90% de aciertos. Dado que hasta ahora no se ha podido ver ningún dato que permita inducir algún tipo de percepción extrasensorial, antes de catalogar a estas 14 personas como interesantes para el estudio, es preferible intentar averiguar si de alguna forma eran capaces de ver, saber o que les chivaran qué carta tenía en su mano el experimentador.

Éste es en definitiva un ejemplo más de cómo no se diseña un experimento, y de cómo no se analizan los datos obtenidos. La simulación se puede leer de dos formas: como la descrita aquí (experimentar sobre un millón de personas) o también como una sola persona que se somete al experimento un millón de veces. Una sola persona haciendo el experimento una sola vez, no produce un resultado significativo (y esto incluye a los 14 del 90%). Es la repetición sistemática (y cuantas más veces mejor) la que establece las propiedades reales de esa persona, que si se limita a la adivinación por azar, resulta en una gráfica como las mostradas. Si el experimento quiere además no evaluar a una sola persona, sino a un conjunto de ellas, significa que a cada uno de los 1356 individuos habría que haberles realizado el test un elevado número de veces.

Por último mencionar que Los Roldanes son promotores de una iniciativa para que se cree un área de conocimiento sobre parapsicología, de forma que se pueda obtener una licenciatura o un grado de formación profesional que permita estudiar científicamente este tipo de materias. Visto lo visto, sólo decirles que para emplear el método y rigor científico lo único que necesitan es estudiar una carrera de ciencias de las ya existentes. Ahí pueden aprender qué son las distribuciones estadísticas, cómo diseñar experimentos y cómo analizar los datos. Y después aplicarlo a estudios como su macro - experimento, y evitar llegar a conclusiones que tienen más de "ganas de creer" que de análisis serio y riguroso.

Más info:

El macro - experimento
Cartas Zener
Distribuciones de probabilidad
La Campana de Gauss

miércoles, abril 20, 2005

San Malaquías falla de nuevo

Desde la muerte de Juan Pablo II, hemos tenido a todos los vendedores de misterios hablando de la famosa profecía de San Malaquías, una serie de divisas que se suponen definen a cada Papa. Cualquiera con un mínimo de interés y esfuerzo, puede comprobar cómo cada una de esas supuestas divisas no son más que interpretaciones forzadas, aunque para ahorrar el esfuerzo, se recomienda la lectura de “Solo quedan dos papas” en Magonia.

Ahora, después de un espectáculo mediático de varias semanas, por fín Habemus Papam, eminentisimus Cardinalem Ratzinger. La divisa que le corresponde según la profecía de San Malaquías, es la Gloria del Olivo (de Gloria Olivae), la cual durante los días previos al cónclave había dado pie a muchas interpretaciones: Un papa de un país lleno de olivos, un papa de Israel, e incluso se hablaba de un papa de la congregación benedictina, porque al parecer también eran llamados olivetanos. Sin embargo, Benedicto XVI, más conocido en su casa como Joseph Ratzinger, resulta ser alemán, donde como todo el mundo sabe, las aceitunas las importan. Evidentemente, tampoco tiene relación con Israel, más allá de haber estado alistado en el ejército Nazi al final de la II guerra mundial. Y para colmo, no pertenece a la congregación benedictina.

¿Supone esto un nuevo fracaso de la predicción de San Malaquías? Lejos de tirar la toalla, han salido los vendedores de misterio con su interpretación, que ponen en evidencia como San Malaquías acertó de nuevo. El truco está en el nombre elegido por el nuevo Papa: Benedicto, como el nombre de la congregación fundada por San Benito de Nursia, allá por el año 500 D.C. La relación con los olivos viene a partir de que a esta orden también se le llama olivetana, debido a que el olivo es el símbolo de éstos.

Una vez más, una interpretación cogida por los pelos. Tan de los pelos, que con un poco de esfuerzo se puede tirar abajo. Primero, tras buscar en la página de la orden benedictina (http://www.osb.org/) y no encontrar referencia alguna a olivos ni olivetanos que fuera interesante, encuentro por fin una enciclopedia católica (http://www.newadvent.org/cathen), donde se puede hallar la vida de San Benito, el origen de su orden, la regla benedictina, y también el origen de los monjes olivetanos.

Resulta que los monjes olivetanos son una rama de la orden benedictina, fundada por un tal Giovanni Tolomeo (luego llamado San Bernardo Tolomeo), en 1319, es decir, 800 años después de la San Benito. Giovanni Tolomeo era un caballero de Siena, profesor de filosofía, que tas recuperar la vista gracias a la Virgen, con unos colegas se echaron a un monte (uno de su propiedad) a vivir una vida de ermitaño, austera y religiosa. Esto les valió la acusación de herejía, y fueron a ver al Papa Juan XXII en Avignon. Para meterlos por el recto camino, les mandó a ver al obispo de Arezzo, pidiéndole que les diera una Regla que tuviera la aprobación de la iglesia (una especie de derecho canónico de la época). El obispo había soñado una vez con la Virgen, quien le puso en las manos la Regla de San Benito, pidiéndole que se la diera y vistiera con hábitos blancos a quienes se arrodillaran ante ella. Así, Giovanni Tolomeo y sus colegas recibieron la Regla y se colocaron bajo la protección de la Virgen. Tolomeo cambió su nombre a Bernardo, y el monte donde construyeron su ermita, lleno de olivos, lo bautizaron como “Monte Oliveto”, en memoria de la agonía de Cristo.

Así pues, resulta que los olivetanos son una parte de los benedictinos. Y no todos los benedictinos son llamados olivetanos. Olivio, Bernardo, o Juan Tolomeo hubieran sido nombres más cercanos que Benedicto para poder hacer esa interpretación de San Malaquías.

Nos queda entonces para interpretar la profecía, como comentan por el foro charlatanes, que desayune un pan con aceite que sabe a gloria, que pierda aceite, o que vea la gloria de Dios, tras morir atragantado con una aceituna.