viernes, julio 29, 2005

Pseudociencia en El Pais Semanal

El pasado 24 de Julio, el suplemento dominical de El País nos deleitó con un jugoso artículo de titulado "¿Tiene límites la mente?". Ante este título, que menos que encender las luces giratorias de ¡Alarma!. Pero la cosa no mejora con la lectura. Poco a poco vamos descubriendo todos los tópicos que rodean cualquier artículo de pseudociencia de cualquier revista esotérica. Las referencias a ser nuevos Galileos, basarse en el desconocimiento para asumir hipótesis indemostrables, incluso alusiones a científicos de renombre hacen que la alarma, además de lucir y girar empiece a sonar más fuerza que un bebé que quiere teta.

Y el final del artículo termina con una alusión a la más maravillosa de las magias (como no), la mecánica cuántica, que justifica lo injustificable, y hace que la alarma de la sirena empiece a sonar en stereo 5.1 con Dolby Surround.

En fin, que para desahogarnos, le hemos mandado una carta al director del El País Semanal, y animamos a los lectores a hacer lo propio (epscartas@elpais.es):

Pseudociencia en EPS

Si bien hace unos meses EPS confundía a unos astrónomos con astrólogos, en su último número de 24 de Julio nos ha deleitado con un artículo de pseudociencia en toda regla. El artículo titulado "¿Tiene límites la mente?", acerca de una teoría revolucionaria de Rupert Sheldrake, va cayendo línea a línea en todos y en cada uno de los tópicos que rodean a ese mundillo. Léanse cualquier artículo de cualquier revista sensacionalista paranormal y encontrarán exactamente lo mismo que en el artículo de EPS.

En primer lugar, basándose en el desconocimiento (reconocido en una cita descontextualizada de un científico de renombre) acerca del funcionamiento del cerebro, se ignora lo que sí se conoce al respecto para afirmar o imaginar hipótesis sin base alguna que las respalde, sólo porque al autor de la teoría le parece bonita. Es decir, se asume a priori la conclusión a la que se quiere llegar y se rellena un agujero de conocimiento con el primer parche que se encuentra.

Seguidamente, para justificar tales teorías se recurre a anécdotas y casualidades, ignorando todas las situaciones equivalentes en las que no se produjo tal casualidad, sesgando así los datos. Incluso se usa el nombre de un premio Nobel para dar una mayor credibilidad o respetabilidad a una anécdota.

Pero para credibilidad, la que da afirmar que la CIA investigó en secreto estos temas para entrenar espías, por supuesto con un alto grado de éxito. Que hayan deshechado esa línea de investigación, o que finalmente no haya espías con esas capacidades que se investigaban, es un detalle sin importancia, que se omite, claro.

Por supuesto, todas estas teorías no son publicadas en revistas especializadas como son por ejemplo Nature o Physical Review, sino en libros que ha escrito el propio autor y que no fueron sometidos a la revisión por pares necesaria en cualquier hipótesis que se expone a la comunidad científica para su discusión.

No faltan las habituales referencias a ser un nuevo Galileo al que "calificaron su libro como candidato a la hoguera" (sic), la incomprensión de los científicos, ni a las revoluciones en ciencia.

En cuanto a lo más importante, el contenido de sus teorías, no dejan de ser un refrito de otras teorías pseudocientíficas anteriores, con afirmaciones prácticamente imposibles de comprobar en un experimento, pasados por la batidora junto con unos cuantos términos científicos para dar imagen de respetabilidad, como la evolución por selección natural, o los campos eléctromagnéticos de donde aparece un análogo "campo mental" (sic) que se asume sin más, y como no, la alusión a la más maravillosa de todas las magias, la mecánica cuántica que cuando es mal digerida resulta ser siempre la culpable de un sin fin de milagros, y de donde por arte de birlibirloque, se inventa una interacción entre partículas microscópicas y la mente o consciencia de una persona (¿Por qué no la de una lombriz o una ameba?)

Un único experimento se encuentra en el artículo para avalar la hipótesis, pero que, tal y como está descrito, no reune las condiciones mínimas de control y rigurosidad como para llegar a la conclusión que se expone.

Sorprende que en esta era de la información, donde internet, aparte de mucha información inútil, contiene también gran cantidad de información útil y fiable, la periodista responsable del artículo no parece que haya sido capaz de buscar información crítica para contrastar teorías que al menos deberían llamarle mucho la atención.

La pseudociencia y superchería tienen ya demasiada difusión con ciertos programas de radio, TV y revistas para público minoritario y específico, como para que un medio como EPS, con un conjunto de lectores mucho más amplio y general, empiece a difundir también este tipo de informaciones poco rigurosas.

5 comentarios:

Pedro Gimeno dijo...

¿El párrafo final termina así? Se diría inconcluso.

-- Pedro Gimeno

Julio dijo...

¡Huy! Se me fue la última palabra al copy-pastear.

De todas formas, lo de inconcluso ¿lo decías por la palabra que faltaba, o el párrafo entero?

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