(Nota: Si no has leído la introducción, ni las partes I y II de este artículo, hazlo antes de seguir)
En el capítulo anterior...
Hasta ahora, hemos desarrollado una teoría acerca de ondas atrapadas en el tiempo, entendidas como ondas estacionarias entre dos momentos de tiempo. Estas ondas se crearían por un fenómeno desconocido, que las haría viajar hacia delante y hacia atrás en el tiempo, entre dos momentos t=0 y t=T. Fuera de ese tiempo T, estas ondas no existen. Es una interpretación completamente personal, y que posiblemente nada tenga que ver con lo que entienden los expertos en psicofonías.
No por ello deja de ser extraordiaria, y aunque probablemente no hiciera falta más que un poco de sentido común para llegar a la conclusión de que es absurda, hemos sido capaces de llegar a esa misma conclusión a través de un análisis con un poco de rigor. Este era el objetivo de este artículo: mostrar que una afirmación extraordinaria (o absurda) puede ser analizada con un poco de rigor matemático, que es el lenguaje de la ciencia, siempre que se defina correctamente el problema, y se conozca la teoría ya existente para saber dónde y cómo introducir la hipótesis.
Los resultados a los que llegamos estan en plena contradicción con la experiencia, y también con teorías físicas consolidadas y de las que hemos podido desarrollar tecnología que actualmente usamos: una onda como la propuesta, se escucharía simultáneamente a su generación,independientemente de la distancia a la que se encuentre el oyente. Sin embargo la experiencia nos dice que un sonido lejano se escucha con retardo. También está en contradicción con la teoría de la relatividad, ya que la información no puede transmitirse más rápido que la velocidad de la luz en vacío.
Habrá sin embargo quien diga que la relatividad y la cuántica también estaban en contra de toda experiencia y teorías existentes en su época ¿por qué no habría de ser éste otro caso igual? La diferencia es que antes de proponer ambas teorías, sí había resultados experimentales y observaciones que indicaban su necesidad. En cambio, no existe actualmente ningún resultado u observación que haga necesario introducir una hipótesis como la nuestra.
Aunque como vimos estas ondas en ningún caso podrían ser las causantes de psicofonías, ello no excluye la posibilidad de que pudieran existir, por muy disparatadas que sean, y que hubiera que cambiar toda la física. Un experimento es el juez final de una hipótesis, así que vamos a ver cómo se podría diseñar un experimento para poner a prueba existencia de estas ondas.
Parece un chiste
¿Saben aquel que dice...
...qué hace un himbestigador después de decir una burrada?
Graba psicofonías
No tiene gracia, no es un chiste, pero casi lo parece. No se preocupan de desarrollar una teoría, menos aún por detenerse a pensar cómo comprobarla. ¿Alguien pesaría un elefante con una regla? Este es el peligro que corren aquellos que echan mano de la grabadora antes que del cerebro.
Un experimento tiene que estar pensado a medida de la teoría que se quiere poner a prueba. Incluso es necesario muchas veces desarrollar más profundamente la teoría en un aspecto concreto para poder predecir el resultado de un experimento. Si no, corremos el riesgo de estar perdiendo el tiempo.
¿Cómo pone prueba un himbestigador qué las psicofonías son producto de ondas atrapadas en el tiempo (tal como ellos las entiendan)? ¿O que son voces del más allá? ¿O que es telepatía entre persona y aparato? En todos los casos cogerá su grabadora con un micrófono. O conectada a una radio desintonizada. Y conseguirá inclusiones psicofónicas (¡Seguro!). Ahora bien, ¿qué significan esas inclusiones? ¿Cómo pueden ayudar a resolver si existen las ondas atrapadas en el tiempo, el más allá, o la telepatía? ¿Qué tipo de inclusión resolvería el dilema de descartar o aceptar alguna de las hipótesis? ¿O ha estado pesando elefantes con escuadra y cartabón?
Objeto del experimento
El experimento debe estar marcado siempre por la teoría. De ella se deduce qué cantidades hay que observar, y cómo.
Nuestra hipótesis tiene un tendón de Aquiles que la hace tambalearse: la existencia de un fenómeno desconocido, del que no hay evidencia alguna. Cualquier intento por demostrar la existencia nuestras ondas atrapadas en el tiempo, pasa por observar experimentalmente la existencia de este fenómeno, caracterizarlo y reunir datos acerca de él, para poder empezar a proponer hipótesis acerca de su mecanismo fundamental. Se podría decir que el resultado de un experimento es el comienzo de una nueva investigación.
Acerca de nuestras supuestas ondas, sabemos que deberían ser escuchadas simultáneamente a la emisión del sonido, sin retraso, y que tan sólo ejecutarían un número finito de oscilaciones. El objeto del experimento sería llegar a registrar estas oscilaciones simultáneamente a la generación de un sonido, y su amplitud.
La experiencia nos dice que los sonidos lejanos se escuchan con retraso, así que habría que suponer que el fenómeno, cuando ocurre, de la perturbación inicial coge sólo una pequeña parte de la onda para crear la estacionaria, que no llega al umbral mínimo para ser oída, mientras que el resto se mantiene como viajera, que es la que se oye. Las amplitudes que se queda cada onda debería ser posible medirlas, y en principio, no queda más remedio que suponer que puede depender de varios factores. Si AE es la amplitud de la onda estacionaria, podría ser una función de:
AE=F(AV , f , V , n) (1)
A través de la experimentación, habría que observar cómo depende AE de todas esas variables, para poder llegar a enunciar una hipótesis sobre el mecanismo desconocido.
¿Qué experimento hacemos?
La idea es generar una perturbación, de una única frecuencia y amplitud conocidas, durante un tiempo T, propagándose por un medio con una velocidad conocida. Se requiere colocar varios sensores de presión a lo largo de una cierta longitud, y medir en todos ellos simultáneamente los cambios de presión. Si existen las ondas atrapadas en el tiempo, todos, al unísono, registrarán las variaciones de presión con una amplitud determinada. Si no existen, registrarán sólo la onda viajera, pero con un tiempo de retraso que dependerá de su distancia al origen de la perturbación, y la velocidad de propagación. Las cantidades que interesan medir son las amplitudes de las ondas viajera y estacionaria, AV y AE, controlando la Velocidad de propagación, la frecuencia de la perturbación y el tiempo que dura la perturbación (que está relacionado con el modo de vibración)
¿Qué montaje hacemos y qué instrumentación es necesaria?
Necesitamos un medio de propagación controlado para controlar la velocidad, que depende de la densidad y temperatura, por lo que una idea es una cavidad de dimensiones y volumen conocido, rellena de un gas con peso molecular igualmente conocido. Controlando tanto el tipo de gas, como la presión en la cavidad, se controla la densidad, y controlando además la temperatura, se consigue controlar la velocidad de propagación.
Para generar la perturbación, será necesario un generador de señales tipo seno, en que se pueda seleccionar la amplitud de la señal y su frecuencia. Conectado a éste, un altavoz que deberá estar colocado en un extremo de la cavidad, donde generará la perturbación. A lo largo de la cavidad, una serie de sensores de presión, espaciados, y móviles, de forma que se pueda ajustar su distancia al origen del sonido. Cada sensor se conecta a un voltímetro, osciloscopio u ordenador para registrar su señal. Todo debe estar controlado por un ordenador central, de forma que sincronice las señales de los sensores, y dispare la perturbación inicial.

A tener en cuenta
La condición inicial en una onda estacionaria normal, era una función del espacio f(x) para el instante t=0. En nuestras ondas, esta condición se cambia a una función del tiempo para el punto x=0:
p(0,t)=f(t) (2)
Nuestra perturbación va a ser una onda de una sola frecuencia, y aplicada durante el tiempo correspondiente al confinamiento de esa frecuencia, y en el lugar donde está colocado el altavoz (que sería x=0). No nos queda otro remedio que confiar en que el fenómeno desconocido actúe y atrape esa onda en el tiempo que dura la perturbación. Al aplicar una perturbación de una onda de 400 hz, durante un tiempo T=1.25 ms, con una amplitud determinada A0, el fenómeno desconocido sólo coge una parte de ella, AE, y la condición inicial será:
(3)
Recuerda que la perturbación total es la suma de todas las ondas posibles. Al aplicar esta perturbación todas las amplitudes An se van a anular, excepto aquella con n=1, cuya amplitud será A1=AE. En los sensores de presión se observarían n/2 oscilaciones, es decir, media oscilación. Si a esa misma frecuencia aumentáramos el tiempo de perturbación a T=0.0025, entonces el único armónico que "sobreviviría" en la condición inicial sería el n=2, y en cada sensor se observaría 1 oscilación completa.
A mayor frecuencia, el tiempo de confinamiento es cada vez menor, por lo que conviene escoger unos sensores con una eletrónica de amplificación de señal cuyo tiempo de respuesta sea lo menor posible. Los tiempos de confinamiento pueden variar entre 50 ms (para 10 hz) y 0.025 ms (para 20.000 hz). Con la tecnología actual, encontrar sensores con tiempos de respuesta por debajo del microsegundo (0.001 ms), no debería ser un problema.
Por otro lado, una baja frecuencia puede hacer que el sonido viajero se solape a la onda estacionaria en algún sensor, por lo que conviene seleccionar una velocidad de propagación lo suficientemente lenta.
Con la misma onda de 400hz, y T=0.00125 s, en ese tiempo, en el aire (V=340m/s) recorre 42.5 cm. Es decir, los sensores colocados a una distancia menor registrarán la onda estacionaria, y antes de terminar la media oscilación, se solaparía la onda viajera, que suponemos es mucho más intensa. Un sensor colocado muy cerca del altavoz podría no tener tiempo suficiente de separar ambas ondas y solaparlas al registralas. En cambio, sensores más allá de esa distancia registrarían la onda estacionaria, tendrían un tiempo muerto sin registrar nada, y luego registrarían la onda viajera. Esto sería importante para poder registrar la amplitud de ambas ondas en el mismo sensor, que es al final lo que interesa comparar. Con una velocidad de propagación más lenta, se consigue reducir la distancia mínima a la que puede estar un sensor, o aumentar el tiempo muerto que puede transcurrir entre el registro de cada onda para que no haya problemas de solapamiento.
La respuesta en frecuencia del altavoz y los sensores es otro punto importante. Es necesario calibrar la pérdida o ganancia en frecuencia de los sensores y su electrónica de procesado para estar seguros de estar midiendo las amplitudes correctas, o saber entre qué límites de frecuencias las medidas serán correctas. La situación de cada sensor también es importante. La intensidad que recoja cada uno de la onda estacionaria depende de la distancia donde esté. Si recordamos esta gráfica:

corresponde al segundo modo de vibración de una onda. Las líneas azules muestran la variación de la presión con el tiempo, según el punto del espacio donde están, y se ve como no todas tienen la misma amplitud, incluso, podemos recoger una intensidad nula. Por tanto, conviene calcular la distancia donde colocar los sensores.
La cavidad del gas puede presentar un pequeño problema, ya que pueden surgir ondas estacionarias de las "normales". Eso depende de su geometría, por lo que conviene estudiarse previamente bastante bien qué medidas ha de tener para saber qué frecuencias podrían considerarse viajeras dentro de la cavidad y qué frecuencias se convertirían en estacionarias. Esas frecuencias habría que evitarlas a la hora de medir. En principio, conviene que sea largo, para tener sólo muy bajas frecuencias como posibles ondas estacionarias normales.
En la parte II nos olvidamos de la atenuación de las ondas. Esta condición se recupera con la propia cavidad, ya que hace de guía de ondas, y minimiza la pérdida de ampitud. Quien no entienda el concepto de guía de onda, que piense en un capitán de barco, que para comunicarse con la sala de máquinas desde el puente habla por un tubo. Este tubo lleva el sonido hasta su destino, con muy poca o nula pérdida de intensidad. Eso sería una guía de ondas.
Por último, dado que la señal de la onda estacinaria se puede en principio pensar que va a ser muy pequeña, habría que considerar la opción de adaptar algún sistema de toma de datos que reduzca el ruido.
Un posible resultado
Supón que hemos considerado todos los aspectos: hemos elegido una cavidad, hemos cuantificado el ruido de nuestros sensores, conocemos las limitaciones de todo nuestro equipo, y en base a ello hemos seleccionado una velocidad de propagación, a través de la presión y temperatura de la cavidad, una amplitud, frecuencia y el tiempo T de forma que atrapemos el segundo modo de vibración(n=2). Hemos colocado 3 sensores en las distancias x1, x2 y x3. (Aunque sería aconsejable tener más)
Imaginemos que tenemos suerte y logramos registrar una gráfica como esta:

Cada línea representa la presión, traducida a voltaje de cada sensor, en función del tiempo. En el instante inicial (t=0) se registra una oscilación completa simultánea en los 3 sensores, cada uno con su amplitud propia, lo que indica que hemos conseguido registrar una onda estacionaria en su segundo modo de vibración. Sólo esto ya nos valdría el Nobel. Luego, aparecerían las ondas viajeras con una mayor amplitud que las estacionarias, cada una con un tiempo de retraso distinto (t1,t2 y t3).
¿Qué podemos hacer con estos datos? Primeramente, como medida de control, se puede comprobar la frecuencia de las ondas viajeras y las estacionarias. También se puede calcular cual ha sido la velocidad de propagación. Si representamos la distancia de los sensores(x1,x2 y x3), frente al tiempo de retraso(t1,t2 y t3), los puntos se deben colocar en una recta, cuya pendiente es el valor de V:

Como se ha dicho al principio, lo que interesa es poder conocer la amplitud de la onda estacionaria en función de la amplitud de la onda viajera. Si toman las amplitudes de cada sensor, y se representan en función de la distancia de cada uno, se puede obtener una gráfica como esta:

Los puntos negros representan los puntos experimentales, mientras que la línea azul representaría la extrapolación de cual sería la amplitud en el resto de puntos del espacio que no hemos medido. Cuantos más sensores coloquemos, mejor será la extrapolación. De esta línea azul, anotamos el valor máximo, que corresponde a la amplitud de nuestra onda estacionaria, AE. La amplitud AV se puede calcular en la primera gráfica, la amplitud de las oscilaciones correspondientes a las ondas viajeras. De esta forma, tendríamos nuestro primer punto experimental, para un medio con velocidad V (o equivalentemente, un medio de densidad d y temperatura T), una intensidad AV, una frecuencia f y un modo de vibración n=2.
Ahora, sólo hay que seguir experimentando, y hallando más valores de AE, variando AV. Después variamos f, T o V, y repetimos. Volvemos a variar f, T, o V, y así hasta conseguir tener una amplia colección de datos que se pueden agrupar para representar la dependencia de AE frente a AV, a V, a f, o n, o ver para qué combinaciones de estos datos se obtendrían las ondas, y para cuales no (lo que supondría AE=0).
Con estos datos analizados, quizás fuera posible llegar a determinar una hipótesis del fenómeno desconocido (¡pero que se habría demostrado que existe!), desarrollar su teoría, e idear un nuevo experimento para comprobarla. Estaríamos avanzado en el conocimiento.
¿Y si no encontramos las ondas estacionarias temporales? En ese caso tenemos dos opciones: seguir intentándolo hasta el fin de nuestros días, o avanzar en el conocimiento admitiendo que la hipótesis es errónea.
Una de las grandes diferencias entre pseudociencia y ciencia es que la primera no acepta los resultados negativos, y nunca se descartan hipótesis. Sin embargo, si hay algo importante en ciencia es llegar a conclusiones: si son positivas, bien, porque hemos avanzado en el conocimiento y podemos seguir profundizando. Si es negativa, también bien, porque hemos cerrado una puerta que no llevaba a ningún sitio, y podemos pasar a examinar otra hipótesis.
En cambio, estancarse en la misma afirmación, sin desarrollarla, y repitiendo ad nauseam el mismo mal llamado experimento es garantía segura de no obtener ningún conocimiento.
Palabras finales
En estos 3 ladrillos (más introducción) hemos mostrado cómo es posible analizar una hipótesis extraordinaria, absurda o como quieran llamarla, con un poquito del rigor y lenguaje que pide la ciencia: hemos formalizado una hipótesis, la hemos desarrollado matemáticamente, la hemos interpretado, y hemos mostrado cómo viola leyes de la física conocidas y establecidas. A pesar de ello, hemos diseñado un experimento, que de resultar positivo, nos abriría un puerta a una nueva investigación, nos haría plantear un montón de preguntas, y revisar varios conceptos de física fundamentales. Esto vale un Ig-Nobel por las molestias, al menos.
Repetimos una vez más: lo de menos era el contenido de nuestra hipótesis. Lo importante era ver que una afirmación estúpida, absurda, genial o extraordinaria, como cualquiera de las que sueltan los paranormalólogos, si está bien definida, se puede estudiar con método científico. Y se pueden diseñar experimentos con sentido y dirigidos a obtener datos con lo que llegar a conclusiones, ya sean positivas o negativas, cosa que nunca hacen los himbestigadores del ramo.
Post data
Si a alguien le da por hacer el experimento aquí diseñado y le da un resultado positivo, que no se olvide de colocarme como co-autor en el paper correspondiente, que yo también quiero mi parte del Nobel.
[Introducción][Parte I][Parte II]
En el capítulo anterior...
Hasta ahora, hemos desarrollado una teoría acerca de ondas atrapadas en el tiempo, entendidas como ondas estacionarias entre dos momentos de tiempo. Estas ondas se crearían por un fenómeno desconocido, que las haría viajar hacia delante y hacia atrás en el tiempo, entre dos momentos t=0 y t=T. Fuera de ese tiempo T, estas ondas no existen. Es una interpretación completamente personal, y que posiblemente nada tenga que ver con lo que entienden los expertos en psicofonías.
No por ello deja de ser extraordiaria, y aunque probablemente no hiciera falta más que un poco de sentido común para llegar a la conclusión de que es absurda, hemos sido capaces de llegar a esa misma conclusión a través de un análisis con un poco de rigor. Este era el objetivo de este artículo: mostrar que una afirmación extraordinaria (o absurda) puede ser analizada con un poco de rigor matemático, que es el lenguaje de la ciencia, siempre que se defina correctamente el problema, y se conozca la teoría ya existente para saber dónde y cómo introducir la hipótesis.
Los resultados a los que llegamos estan en plena contradicción con la experiencia, y también con teorías físicas consolidadas y de las que hemos podido desarrollar tecnología que actualmente usamos: una onda como la propuesta, se escucharía simultáneamente a su generación,independientemente de la distancia a la que se encuentre el oyente. Sin embargo la experiencia nos dice que un sonido lejano se escucha con retardo. También está en contradicción con la teoría de la relatividad, ya que la información no puede transmitirse más rápido que la velocidad de la luz en vacío.
Habrá sin embargo quien diga que la relatividad y la cuántica también estaban en contra de toda experiencia y teorías existentes en su época ¿por qué no habría de ser éste otro caso igual? La diferencia es que antes de proponer ambas teorías, sí había resultados experimentales y observaciones que indicaban su necesidad. En cambio, no existe actualmente ningún resultado u observación que haga necesario introducir una hipótesis como la nuestra.
Aunque como vimos estas ondas en ningún caso podrían ser las causantes de psicofonías, ello no excluye la posibilidad de que pudieran existir, por muy disparatadas que sean, y que hubiera que cambiar toda la física. Un experimento es el juez final de una hipótesis, así que vamos a ver cómo se podría diseñar un experimento para poner a prueba existencia de estas ondas.
Parece un chiste
¿Saben aquel que dice...
...qué hace un himbestigador después de decir una burrada?
Graba psicofonías
No tiene gracia, no es un chiste, pero casi lo parece. No se preocupan de desarrollar una teoría, menos aún por detenerse a pensar cómo comprobarla. ¿Alguien pesaría un elefante con una regla? Este es el peligro que corren aquellos que echan mano de la grabadora antes que del cerebro.
Un experimento tiene que estar pensado a medida de la teoría que se quiere poner a prueba. Incluso es necesario muchas veces desarrollar más profundamente la teoría en un aspecto concreto para poder predecir el resultado de un experimento. Si no, corremos el riesgo de estar perdiendo el tiempo.
¿Cómo pone prueba un himbestigador qué las psicofonías son producto de ondas atrapadas en el tiempo (tal como ellos las entiendan)? ¿O que son voces del más allá? ¿O que es telepatía entre persona y aparato? En todos los casos cogerá su grabadora con un micrófono. O conectada a una radio desintonizada. Y conseguirá inclusiones psicofónicas (¡Seguro!). Ahora bien, ¿qué significan esas inclusiones? ¿Cómo pueden ayudar a resolver si existen las ondas atrapadas en el tiempo, el más allá, o la telepatía? ¿Qué tipo de inclusión resolvería el dilema de descartar o aceptar alguna de las hipótesis? ¿O ha estado pesando elefantes con escuadra y cartabón?
Objeto del experimento
El experimento debe estar marcado siempre por la teoría. De ella se deduce qué cantidades hay que observar, y cómo.
Nuestra hipótesis tiene un tendón de Aquiles que la hace tambalearse: la existencia de un fenómeno desconocido, del que no hay evidencia alguna. Cualquier intento por demostrar la existencia nuestras ondas atrapadas en el tiempo, pasa por observar experimentalmente la existencia de este fenómeno, caracterizarlo y reunir datos acerca de él, para poder empezar a proponer hipótesis acerca de su mecanismo fundamental. Se podría decir que el resultado de un experimento es el comienzo de una nueva investigación.
Acerca de nuestras supuestas ondas, sabemos que deberían ser escuchadas simultáneamente a la emisión del sonido, sin retraso, y que tan sólo ejecutarían un número finito de oscilaciones. El objeto del experimento sería llegar a registrar estas oscilaciones simultáneamente a la generación de un sonido, y su amplitud.
La experiencia nos dice que los sonidos lejanos se escuchan con retraso, así que habría que suponer que el fenómeno, cuando ocurre, de la perturbación inicial coge sólo una pequeña parte de la onda para crear la estacionaria, que no llega al umbral mínimo para ser oída, mientras que el resto se mantiene como viajera, que es la que se oye. Las amplitudes que se queda cada onda debería ser posible medirlas, y en principio, no queda más remedio que suponer que puede depender de varios factores. Si AE es la amplitud de la onda estacionaria, podría ser una función de:
La onda viajera: amplitud AV y frecuencia f
Modo de vibración en que queda confinada n.
El medio de propagación: la velocidad de propagación V
A través de la experimentación, habría que observar cómo depende AE de todas esas variables, para poder llegar a enunciar una hipótesis sobre el mecanismo desconocido.
¿Qué experimento hacemos?
La idea es generar una perturbación, de una única frecuencia y amplitud conocidas, durante un tiempo T, propagándose por un medio con una velocidad conocida. Se requiere colocar varios sensores de presión a lo largo de una cierta longitud, y medir en todos ellos simultáneamente los cambios de presión. Si existen las ondas atrapadas en el tiempo, todos, al unísono, registrarán las variaciones de presión con una amplitud determinada. Si no existen, registrarán sólo la onda viajera, pero con un tiempo de retraso que dependerá de su distancia al origen de la perturbación, y la velocidad de propagación. Las cantidades que interesan medir son las amplitudes de las ondas viajera y estacionaria, AV y AE, controlando la Velocidad de propagación, la frecuencia de la perturbación y el tiempo que dura la perturbación (que está relacionado con el modo de vibración)
¿Qué montaje hacemos y qué instrumentación es necesaria?
Necesitamos un medio de propagación controlado para controlar la velocidad, que depende de la densidad y temperatura, por lo que una idea es una cavidad de dimensiones y volumen conocido, rellena de un gas con peso molecular igualmente conocido. Controlando tanto el tipo de gas, como la presión en la cavidad, se controla la densidad, y controlando además la temperatura, se consigue controlar la velocidad de propagación.
Para generar la perturbación, será necesario un generador de señales tipo seno, en que se pueda seleccionar la amplitud de la señal y su frecuencia. Conectado a éste, un altavoz que deberá estar colocado en un extremo de la cavidad, donde generará la perturbación. A lo largo de la cavidad, una serie de sensores de presión, espaciados, y móviles, de forma que se pueda ajustar su distancia al origen del sonido. Cada sensor se conecta a un voltímetro, osciloscopio u ordenador para registrar su señal. Todo debe estar controlado por un ordenador central, de forma que sincronice las señales de los sensores, y dispare la perturbación inicial.

A tener en cuenta
La condición inicial en una onda estacionaria normal, era una función del espacio f(x) para el instante t=0. En nuestras ondas, esta condición se cambia a una función del tiempo para el punto x=0:
Nuestra perturbación va a ser una onda de una sola frecuencia, y aplicada durante el tiempo correspondiente al confinamiento de esa frecuencia, y en el lugar donde está colocado el altavoz (que sería x=0). No nos queda otro remedio que confiar en que el fenómeno desconocido actúe y atrape esa onda en el tiempo que dura la perturbación. Al aplicar una perturbación de una onda de 400 hz, durante un tiempo T=1.25 ms, con una amplitud determinada A0, el fenómeno desconocido sólo coge una parte de ella, AE, y la condición inicial será:
(3)Recuerda que la perturbación total es la suma de todas las ondas posibles. Al aplicar esta perturbación todas las amplitudes An se van a anular, excepto aquella con n=1, cuya amplitud será A1=AE. En los sensores de presión se observarían n/2 oscilaciones, es decir, media oscilación. Si a esa misma frecuencia aumentáramos el tiempo de perturbación a T=0.0025, entonces el único armónico que "sobreviviría" en la condición inicial sería el n=2, y en cada sensor se observaría 1 oscilación completa.
A mayor frecuencia, el tiempo de confinamiento es cada vez menor, por lo que conviene escoger unos sensores con una eletrónica de amplificación de señal cuyo tiempo de respuesta sea lo menor posible. Los tiempos de confinamiento pueden variar entre 50 ms (para 10 hz) y 0.025 ms (para 20.000 hz). Con la tecnología actual, encontrar sensores con tiempos de respuesta por debajo del microsegundo (0.001 ms), no debería ser un problema.
Por otro lado, una baja frecuencia puede hacer que el sonido viajero se solape a la onda estacionaria en algún sensor, por lo que conviene seleccionar una velocidad de propagación lo suficientemente lenta.
Con la misma onda de 400hz, y T=0.00125 s, en ese tiempo, en el aire (V=340m/s) recorre 42.5 cm. Es decir, los sensores colocados a una distancia menor registrarán la onda estacionaria, y antes de terminar la media oscilación, se solaparía la onda viajera, que suponemos es mucho más intensa. Un sensor colocado muy cerca del altavoz podría no tener tiempo suficiente de separar ambas ondas y solaparlas al registralas. En cambio, sensores más allá de esa distancia registrarían la onda estacionaria, tendrían un tiempo muerto sin registrar nada, y luego registrarían la onda viajera. Esto sería importante para poder registrar la amplitud de ambas ondas en el mismo sensor, que es al final lo que interesa comparar. Con una velocidad de propagación más lenta, se consigue reducir la distancia mínima a la que puede estar un sensor, o aumentar el tiempo muerto que puede transcurrir entre el registro de cada onda para que no haya problemas de solapamiento.
La respuesta en frecuencia del altavoz y los sensores es otro punto importante. Es necesario calibrar la pérdida o ganancia en frecuencia de los sensores y su electrónica de procesado para estar seguros de estar midiendo las amplitudes correctas, o saber entre qué límites de frecuencias las medidas serán correctas. La situación de cada sensor también es importante. La intensidad que recoja cada uno de la onda estacionaria depende de la distancia donde esté. Si recordamos esta gráfica:

corresponde al segundo modo de vibración de una onda. Las líneas azules muestran la variación de la presión con el tiempo, según el punto del espacio donde están, y se ve como no todas tienen la misma amplitud, incluso, podemos recoger una intensidad nula. Por tanto, conviene calcular la distancia donde colocar los sensores.
La cavidad del gas puede presentar un pequeño problema, ya que pueden surgir ondas estacionarias de las "normales". Eso depende de su geometría, por lo que conviene estudiarse previamente bastante bien qué medidas ha de tener para saber qué frecuencias podrían considerarse viajeras dentro de la cavidad y qué frecuencias se convertirían en estacionarias. Esas frecuencias habría que evitarlas a la hora de medir. En principio, conviene que sea largo, para tener sólo muy bajas frecuencias como posibles ondas estacionarias normales.
En la parte II nos olvidamos de la atenuación de las ondas. Esta condición se recupera con la propia cavidad, ya que hace de guía de ondas, y minimiza la pérdida de ampitud. Quien no entienda el concepto de guía de onda, que piense en un capitán de barco, que para comunicarse con la sala de máquinas desde el puente habla por un tubo. Este tubo lleva el sonido hasta su destino, con muy poca o nula pérdida de intensidad. Eso sería una guía de ondas.
Por último, dado que la señal de la onda estacinaria se puede en principio pensar que va a ser muy pequeña, habría que considerar la opción de adaptar algún sistema de toma de datos que reduzca el ruido.
Un posible resultado
Supón que hemos considerado todos los aspectos: hemos elegido una cavidad, hemos cuantificado el ruido de nuestros sensores, conocemos las limitaciones de todo nuestro equipo, y en base a ello hemos seleccionado una velocidad de propagación, a través de la presión y temperatura de la cavidad, una amplitud, frecuencia y el tiempo T de forma que atrapemos el segundo modo de vibración(n=2). Hemos colocado 3 sensores en las distancias x1, x2 y x3. (Aunque sería aconsejable tener más)
Imaginemos que tenemos suerte y logramos registrar una gráfica como esta:

Cada línea representa la presión, traducida a voltaje de cada sensor, en función del tiempo. En el instante inicial (t=0) se registra una oscilación completa simultánea en los 3 sensores, cada uno con su amplitud propia, lo que indica que hemos conseguido registrar una onda estacionaria en su segundo modo de vibración. Sólo esto ya nos valdría el Nobel. Luego, aparecerían las ondas viajeras con una mayor amplitud que las estacionarias, cada una con un tiempo de retraso distinto (t1,t2 y t3).
¿Qué podemos hacer con estos datos? Primeramente, como medida de control, se puede comprobar la frecuencia de las ondas viajeras y las estacionarias. También se puede calcular cual ha sido la velocidad de propagación. Si representamos la distancia de los sensores(x1,x2 y x3), frente al tiempo de retraso(t1,t2 y t3), los puntos se deben colocar en una recta, cuya pendiente es el valor de V:

Como se ha dicho al principio, lo que interesa es poder conocer la amplitud de la onda estacionaria en función de la amplitud de la onda viajera. Si toman las amplitudes de cada sensor, y se representan en función de la distancia de cada uno, se puede obtener una gráfica como esta:

Los puntos negros representan los puntos experimentales, mientras que la línea azul representaría la extrapolación de cual sería la amplitud en el resto de puntos del espacio que no hemos medido. Cuantos más sensores coloquemos, mejor será la extrapolación. De esta línea azul, anotamos el valor máximo, que corresponde a la amplitud de nuestra onda estacionaria, AE. La amplitud AV se puede calcular en la primera gráfica, la amplitud de las oscilaciones correspondientes a las ondas viajeras. De esta forma, tendríamos nuestro primer punto experimental, para un medio con velocidad V (o equivalentemente, un medio de densidad d y temperatura T), una intensidad AV, una frecuencia f y un modo de vibración n=2.
Ahora, sólo hay que seguir experimentando, y hallando más valores de AE, variando AV. Después variamos f, T o V, y repetimos. Volvemos a variar f, T, o V, y así hasta conseguir tener una amplia colección de datos que se pueden agrupar para representar la dependencia de AE frente a AV, a V, a f, o n, o ver para qué combinaciones de estos datos se obtendrían las ondas, y para cuales no (lo que supondría AE=0).
Con estos datos analizados, quizás fuera posible llegar a determinar una hipótesis del fenómeno desconocido (¡pero que se habría demostrado que existe!), desarrollar su teoría, e idear un nuevo experimento para comprobarla. Estaríamos avanzado en el conocimiento.
¿Y si no encontramos las ondas estacionarias temporales? En ese caso tenemos dos opciones: seguir intentándolo hasta el fin de nuestros días, o avanzar en el conocimiento admitiendo que la hipótesis es errónea.
Una de las grandes diferencias entre pseudociencia y ciencia es que la primera no acepta los resultados negativos, y nunca se descartan hipótesis. Sin embargo, si hay algo importante en ciencia es llegar a conclusiones: si son positivas, bien, porque hemos avanzado en el conocimiento y podemos seguir profundizando. Si es negativa, también bien, porque hemos cerrado una puerta que no llevaba a ningún sitio, y podemos pasar a examinar otra hipótesis.
En cambio, estancarse en la misma afirmación, sin desarrollarla, y repitiendo ad nauseam el mismo mal llamado experimento es garantía segura de no obtener ningún conocimiento.
Palabras finales
En estos 3 ladrillos (más introducción) hemos mostrado cómo es posible analizar una hipótesis extraordinaria, absurda o como quieran llamarla, con un poquito del rigor y lenguaje que pide la ciencia: hemos formalizado una hipótesis, la hemos desarrollado matemáticamente, la hemos interpretado, y hemos mostrado cómo viola leyes de la física conocidas y establecidas. A pesar de ello, hemos diseñado un experimento, que de resultar positivo, nos abriría un puerta a una nueva investigación, nos haría plantear un montón de preguntas, y revisar varios conceptos de física fundamentales. Esto vale un Ig-Nobel por las molestias, al menos.
Repetimos una vez más: lo de menos era el contenido de nuestra hipótesis. Lo importante era ver que una afirmación estúpida, absurda, genial o extraordinaria, como cualquiera de las que sueltan los paranormalólogos, si está bien definida, se puede estudiar con método científico. Y se pueden diseñar experimentos con sentido y dirigidos a obtener datos con lo que llegar a conclusiones, ya sean positivas o negativas, cosa que nunca hacen los himbestigadores del ramo.
Post data
Si a alguien le da por hacer el experimento aquí diseñado y le da un resultado positivo, que no se olvide de colocarme como co-autor en el paper correspondiente, que yo también quiero mi parte del Nobel.
[Introducción][Parte I][Parte II]
(1)
(2)




(3)
Imagina una cuerda tensada, y sacúdela de arriba a abajo. Verás que se forman ondas que se desplazan por la cuerda. En este caso, la perturbación y(x,t) es el desplazamiento vertical de un trozo de cuerda a una distancia x del borde.
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