No hay palabras más mágicas en Paranormalandia que Mecánica Cuántica (con mayúsculas reverenciales, que si no, no funcionan). Basta mencionarlas para que cualquier cosa sea posible de repente. ¿El truco? El escaso entendimiento de esta teoría, de la que sólo se sabe que produce cosas muy raras. Y es que si algo tiene la mecánica cúantica, es que quien se enfrenta a ella por primera vez y no le sorprende, es porque no la ha entendido. Y en el caso de los paranormalólogos, no la entienden ni a la n ni a la (n+1) vez.
La mecánica cuántica es una teoría desarrollada para explicar fenómenos a escala microscópica, es decir, que involucran a sistemas o partículas de tamaño atómico, electrones, o grupos de moléculas. En estas circunstancias, el sentido común que tan acostumbrado está a un mundo macroscópico, encuentra dificultades para entender cosas que parecen ir en contra de toda lógica.¡Cualquier cosa es posible!¡Barra libre!
No, cualquier cosa no es posible. Y la razón principal es que la mecánica cuántica explica los fenómenos microscópicos, y también los fenómenos macroscópicos que ya conocemos. La mecánica cuántica engloba tanto la mecánica clásica de Newton, como una serie de fenómenos nuevos, que a pesar de ser antiintuitivos, y ser la base fundamental de los fenómenos macroscópicos, cuando se estudian estas últimas situaciones los resultados pocas veces difieren de los obtenidos usando la mecánica clásica. Precisamente estas diferencias fueron las que propiciaron el descubrimiento de la teoría, y no los fenómenos paranormales.
¿Qué ocurre con los supuestos fenómenos paranormales? Pues que ocurren en el mundo macroscópico del sentido común. Esto quiere decir que rara vez hace falta recurrir a la mecánica cuántica para poder explicarlos. Aún así, en la mecánica cuántica no hay nada que haga suponer la existencia de estos fenómenos, ni tendría por qué explicarlos. A excepción de una mala digestión de libros de divulgación, cuando lo correcto sería estudiar un libro de texto, esos tan aburridos, sin dibujos y que están llenos de formulitas y ecuaciones. Pero claro, eso supone varios años, y la cuenta corriente no dura tanto sin llegar a números rojos.
Esta debería ser una razón suficiente para dejar de emplear estas palabras mágicas. Pero vamos a ir más allá (que no al más allá), y ver qué tipo de fenómenos raros ocurren a nivel microscópico.
Cuantización de la energía
Le da nombre a la teoría, y fue el primer fenómeno en ser descubierto por Max Planck en 1900. Estamos acostumbrados a que la energía pueda tener un valor cualquiera, es continua. Sin embargo, la cuantización dice que la energía se divide en ladrillos o cuantos de energía, es discreta. Imagina un objeto moviéndose en línea recta. La cuantización sería equivalente a que el objeto no se moviera a cualquier velocidad que quisieras, sino que tuviera una velocidad mínima V0, y sólo pudiera tener velocidades que fueran múltiplos enteros, es decir, sólo puede ir a velocidades V0, 2V0, o 17504V0, y no 0.5V0 o 1.33V0. Esta velocidad sería el cuanto o ladrillo fundamental. Y al acelerar, saltaría de una a otra instantáneamente, sin pasar por velocidades intermedias.
Sin embargo en el mundo macroscópico, nadie ve a los coches acelerando a saltos. El motivo es que el valor de un cuanto es muy pequeño, el orden de 10-30 J (un cero, coma decimal, 30 ceros y un 1), mientras que un vehículo de 500 Kg a 120 Km/h posee una energía cinética de 280.000 J. Esto supone que su velocidad varía a saltos del orden de 10-16 Km/h (aproximadamente, el tamaño de un núcleo atómico por hora). Evidentemente, estas variaciones son tan pequeñas que son imperceptibles, y podemos asumir que el vehículo puede tener cualquier energía y que no está cuantizada, sino que es continua.
Afortunadamente, en Paranormalandia este efecto o lo han entendido bien, o no lo han entendido ni siquiera mal, porque no suele estar en el Argumentario Cuántico.
Dualidad partícula - onda
En cambio, esto sí que lo entendieron. Mal, por supuesto. Hasta 1900, la luz era considerada un onda, y como tal se comportaba. Sin embargo, Einstein y Compton demostraron cómo, en base a la cuantización de la energía, también se podía comportar como una partícula cuando chocaba con un sólido (efecto fotoeléctrico) o con otra partícula (efecto Compton). De igual forma, después de que J. Thompson demostrara que el electrón era una partícula (lo que le valió el Nobel en 1906), su hijo G. Thomson fue capaz de demostrar experimentalmente que el electrón era una onda (lo que le valió otro Nobel en 1937).
Raro, ¿no?. De pronto, los electrones podían pasar a través de rendijas, y realizar efectos de interferencia y difracción, sólo posible para las ondas. En el mundo macroscópico las ondas de un estanque pueden atravesar un enrejado. Pero un presidiario (afortunadamente) no puede hacer lo mismo a través de los barrotes de su celda. La razón es que una propiedad de las ondas (la longitud de onda) es menor cuanto mayor es la masa y velocidad del objeto. Y para obtener el comportamiento de las ondas, se necesita interaccionar con objetos del tamaño comparable a longitud de onda. Para la luz visible, una rendija de 0.4 mm. Para un electrón, capas de átomos en un cristal separadas en unos pocos Angstroms (1 Å =10-7 mm). Pero para un hombre de 80 Kg que va andando, su longitud de onda es del orden de 10-26 Å, mucho menor que el tamaño de cualquier partícula subatómica. No existe nada del tamaño de la longitud de onda de un hombre. Sólo puede comportase como partícula.
Pero da igual. Al final lo que queda es que somos ondas, gracias a la Magia Cuántica, y como tales podemos tener buenas vibraciones (supongo que serán interferencias constructivas) o malas vibraciones (interferencias destructivas), y digo supongo porque los charlatanes nunca dicen a qué se refieren con ello. De hecho, mezclan el término vibración, que aunque se parece, no es lo mismo que una onda, y ni si quiera la suposición de intereferencias constructivas o destructivas sirve para aclarar algo. Una vibración es un movimiento o perturbación periódica en torno a una posición o valor de equilibrio, como un muelle o un péndulo. Es algo que ocurre en un solo lugar del espacio. Una onda es una perturbación que además, se traslada por el espacio, como las vibraciones de la superficie del agua que se mueven hacia la orilla del estanque.
Principio de incertidumbre
Asociada a la dualidad partícula - onda, está el concepto que más conmocionó cuando se desarrolló la mecánica cuántica, y es que no es posible determinar con toda la exactitud que se quiera determinados pares de valores, como la posición y la velocidad. Se echaba por tierra el determinismo. Ya no era posible conocer con exactitud la evolución de un sistema, sino que dependía de la forma en que se observara. Si consigues saber dónde está un electrón, al observarlo has interaccionado con él, modificando su velocidad, y ahora no sabes a dónde va. Si consigues saber cual es su dirección, entonces no puedes saber dónde está.
Cualquier sistema se describe al final por una onda (somos ondas), que ocupa un determinado volumen. Pero esta onda sólo representa la probabilidad de encontrar la partícula en cada punto de ese volumen. Si el volumen ocupado es muy pequeño, entonces el sistema se comporta como una partícula, porque está localizada en un punto del espacio que se puede determinar con exactitud (la probabilidad de que la partícula esté en un punto determinado es muy alta) . Por el contrario, su velocidad es otra onda, pero que se extiende a un rango de valores y direcciones muy amplio, y la probabilidad de tener un valor en concreto es muy reducida: puede estar en cualquier otro valor y dirección con igual porobabilidad.
Sin embargo, esto ocurre sólo porque estamos viendo un mundo muy pequeño. En el mundo macroscópico sin embargo, aunque seguimos sin poder determinar velocidad y posición con la precisión que se quiera, sí se puede conseguir una precisión suficiente como para saber ambas magnitudes. Determinar la posición de un electrón con un metro de incertidumbre, supone a efectos prácticos que no sabemos dónde está, pero en cambio, su dirección y velocidad se puede considerar como muy precisa. Esa misma incertidumbre de un metro en la posición de la Tierra en su órbita alrededor del Sol, a efectos prácticos sirve para saber tanto su posición como velocidad exactas.
Sin embargo, la mente de un paranormalólogo se queda con el hecho de que no se puede determinar todo. Hay mucha incertidumbre, todo es probabilidad y por tanto cualquier cosa es posible.
(Párrafos añadidos - 29/7/05)
Probabilidad y colapso de la función de onda
Una de las implicaciones del principio de incertidumbre es que cuando se mide un sistema, se accede al conocimiento de una propiedad, a cambio de variar otra complementaria. Esto significa que el hecho de observar el sistema influye sobre él. Por otro lado, el carácter probabilístico de la mecánica cuántica de Schrödinger, y con la interpretación de Copenhague (propuesta por Bohr), un sistema antes de ser medido (observado) no se sabe en qué estado está, sino que es una superposición de todos los posibles, y es en el proceso de observación en el que el sistema tiene la probabilidad de colapsar en un estado determinado, que es el que se mide.
Esta propiedad lo suficientemente confusa como para tener que releer el párrafo dos y tres veces antes de entenderla. Por eso es de las favoritas de los paranormalólogos. En la interpretación de Paranormalandia esta propiedad significa que el observador (persona) interacciona con el sistema, pudiendo incluso decidir en qué estado va a colapsar la función de onda, de donde se deduce la telequinesis, la telepatía, el inconsciente colectivo y varias maravillas más. En física, y en ciencia en general, cuando se observa un sistema se está midiendo, o comprobando las características, a través de un detector. En el contexto de un laboratorio, observar significa interaccionar, es decir, que un detector reaccione ante el sistema, y que suministre un dato al experimentador. Así, el papel de la persona es sólo montar el experimento y recoger los datos, y los resultados son independientes de si el investigador está presente o tomándose un café en el bar: quien observa es el detector, que no tiene conciencia.
Imagina que tienes una pared. Cuando un fotón llega a ella, puede ser absorbido, reflejado o transmitido. Lo que haga, es independiente de que tú estés mirando o no, sino que depende de su interacción con los átomos de la pared. Que haga una de esas tres interacciones depende exclusivamente de la probabilidad de cada una de ellas. Pero no tiene sentido medir lo que hace un solo fotón. Las probabilidades se pueden calcular y determinar, y cuando en vez de un fotón es un número elevado de ellos, se puede medir cuantos fueron absorbidos, cuantos reflejados y cuantos transmitidos, comprobando que se ajusta a lo determinado. Y esto es independiente del experimentador, de su estado de ánimo, y de su consciente e inconsciente.
Efecto túnel
Una curiosa propiedad de las partículas es la de atravesar paredes. Bueno, no son paredes de ladrillo, sino su equivalente microscópico, que puede formarse por ejemplo entre dos conductores separados, y con un voltaje entre ambos. En estas circunstancias un electrón puede saltar el espacio entre ambos, y establecer una corriente.
Este es el principio de funcionamiento de los microscopios de efecto túnel. Una punta afilada, se acerca a un material conductor. La corriente túnel que se establece depende de la distancia entre ambos. Al desplazar el material en X-Y, cuando hay una elevación o depresión la corriente varía, y es necesario subir o bajar la punta para mantener la misma corriente. Si se graban los valores del desplazamiento de la punta junto con el desplazamiento en X-Y, se obtiene una representación de la topografía de la muestra. La resolución de estos microscopios permite llegar a ver átomos.
Curiosamente, a los cazafantasmas no se les ocurre invocar esta propiedad para hablar de fantasmas que atraviesan paredes. La tentación de hacerlo es tan, tan, tan grande, y es aparentemente tan evidente, que no se lo creen ni ellos, más acostumbrados al equilibrismo argumental.
Pero mejor que sigan sin hacerlo. Todas las leyes físicas tratan con la materia. Un fantasma supuestamente es inmaterial, así que para él no tenemos leyes. Por otra parte, el efecto túnel no ocurre siempre, sino que (como toda la física cuántica) está basada en la probabilidad de que ocurra tal suceso, y esta probabilidad depende del tamaño de la pared, y de la masa de la partícula. Y en un mundo macroscópico, las paredes son muy anchas, y las personas muy pesadas como para tener alguna posibilidad de atravesar paredes. A menos que se rompa, claro.
Partículas y antipartículas
Gracias a Paul Dirac, quien tuvo la paciencia de integrar la relatividad especial con la mecánica cuántica, hoy sabemos que existen multitud de partículas, y sus corespondientes antipartículas, que son iguales a las primeras, a excepción de su carga. Estas partícula y antipartícula forman una pareja letal, que cuando se encuentran se aniquilan mutuamente, emitiendo un rayo de luz (emitiendo energía diría un charlatán, que queda más Niu Eich)
En los colisionadores de alta energía, como el CERN, el FermiLab, o el futuro LHC, se han generado y se generan millones de pares partícula antipartícula cada día, de las cuales se estudian y analizan sus propiedades. Pero a un vendedor de misterios que se precie este hecho le trae sin cuidado. No hay nada mejor que una partícula exótica para justificar fenómenos como la telepatía, las psicofonías, o curaciones energéticas misteriosas, por no hablar de los anti-mundos y dimensiones paralelas.
Y es que la estrella de la Magia Cuántica son siempre las emisiones de partículas, vibraciones y energías. De las energías, ya hemos hablado. Las vibraciones, no se emiten, sino que se trasladan por el espacio en forma de ondas, generalmente electromagnéticas, y más comúmente llamadas luz, radio, infrarrojo, rayos x, microondas, .... Pero como ocurre con las partículas, sabemos bastante bien cómo interaccionan con la materia, y desde luego, los fenómenos paranormales no se encuentran entre esas interacciones.
Si usted, potencial señor paranormalólogo que lea estas líneas, tras leer un libro cualquiera de divulgación, en vez de quedarse perplejo ante todos estos fenómenos y estudiarse un libro de texto, ha preferido incluirlos en su sistema de creencias o Argumentario Mágico, es porque no los ha entendido.
viernes, julio 08, 2005
lunes, junio 27, 2005
Firmas contra el concordato
Si hay un pensamiento mágico por antonomasia es la religión. Ya sea el cristianismo, el judaísmo, islamismo, hinduismo, o cualquier otro -ismo, no dejan de ser mitos acerca de seres mágicos, sobrenaturales, y si algo las diferencian de las hadas, gnomos, o fantasmas del más allá, es que es un pensamiento mágico que consiguió controlar el poder. Afortunadamente, en algunas partes del planeta ha conseguido perderlo. En otras en cambio, todavía queda mucho por hacer.
En España, allá por los tiempos de la transición, la iglesia se resistía a ceder todo el poder e influencia que tenía con el tío Paco. Finalmente, el gobierno llegó a unos acuerdos con la Santa Sede, por los que la Iglesia se aseguraba la financiación a costa de los presupuestos generales del estado, se le eximía de unos cuantos impuestos, y además se le permitía adoctrinar a los niños cuyos padres así lo decidieran en la escuela pública, a pesar de que en la Constitución se definió a España como un país laico.
Ya va siendo hora de dejar de financiar con dinero público este tipo de pensamiento mágico. Por tanto, les invito a que se pasen por www.concordato.org para apoyar una iniciativa para derogar este acuerdo.
Allí además pueden encontrar información acerca de los acuerdos suscritos:
Acerca de la enseñanza
Acerca de la financiación
En España, allá por los tiempos de la transición, la iglesia se resistía a ceder todo el poder e influencia que tenía con el tío Paco. Finalmente, el gobierno llegó a unos acuerdos con la Santa Sede, por los que la Iglesia se aseguraba la financiación a costa de los presupuestos generales del estado, se le eximía de unos cuantos impuestos, y además se le permitía adoctrinar a los niños cuyos padres así lo decidieran en la escuela pública, a pesar de que en la Constitución se definió a España como un país laico.
Ya va siendo hora de dejar de financiar con dinero público este tipo de pensamiento mágico. Por tanto, les invito a que se pasen por www.concordato.org para apoyar una iniciativa para derogar este acuerdo.
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Religión
miércoles, junio 22, 2005
La energía y su mal uso
Una de las armas de la pseudociencia es el uso de términos científicos para dar un halo de respetabilidad a sus afirmaciones. ¿Quién no ha oido hablar de energías que de repente, parecen explicar cualquier cosa por imposible que sea?
Es una palabra perfectamente definida en ciencia, con un significado claro y preciso. Sin embargo, la pseudociencia sólo usa el término, prescindiendo de su significado, o inventándose uno nuevo a conveniencia que se ajuste a lo que se quiere justificar. Y así, es habitual leer u oir esta palabra acompañada de ciertos adjetivos clave: energías desconocidas, positivas, negativas, inteligentes, pura, rojas, verdes, tutti frutti...
La energía como tal no es nada tangible, que se vea o se toque. No es más que una medida de la capacidad de un sistema para influir sobre otro. Es sólo un número que describe al sistema, y que sirve para traducir las propiedades de éste para poder compararlo con otro, y saber qué tipo de interacciones pueden darse.
Por así decirlo, y salvando las distancias, la energía es como el dinero, pero sin monedas. Si alguien tiene un coche, puede venderlo, y con el dinero, comprar una vaca. Si nos saltamos el paso de cobrar en moneda, y vamos directamente a la vieja costumbre del trueque, el coche se transforma en una vaca. Ambos valen el mismo dinero, dinero que no vemos ni tocamos en nigún momento, que sólo sirve para comparar el valor ambos artículos.
Igual ocurre con la energía: cuando una onda de luz eletromagnética pasa a través de una célula solar, la luz se transforma, se troca, por corriente eléctrica; dos sistemas distintos con una misma energía que en ningún momento se ve ni se toca.
La energía pues, no es más que una descripción que sirve para comparar sistemas, y que necesita un adjetivo: energía cinética (partículas en movimiento), energía potencial (energía acumulada que puede transformarse en cinética por estar en una posición determinada), energía electromagnética (una onda de luz), energía de ligadura (enlace entre dos partículas), y así unas cuantas más, entre ellas la más conocida, por la que la materia también se posee una energía (E=mc2).
Estas descripciones en base a un número nos permite comparar sistemas que en principio no tendrían nada que ver. Por ejemplo, un átomo de Uranio, posee unos protones y neutrones que por el hecho de estar enlazados entre ellos, acumulan una energía de ligadura. Cuando un neutrón choca con el átomo y lo rompe, se produce emisión de radiación (energía electromagnética), y los fragmentos salen despedidos a una velocidad (energía cinética) que antes no tenían. Estas energías provienen de la energía de ligadura. Se ha transformado un átomo pesado estático, por dos más ligeros en movimiento, y radiación.
En cambio, el uso que se da en pseudociencia a esta palabra es como si se tratara de algo real que se pudiera tocar con las manos. Se le atribuye una entidad, como si puderia recogerse en un cubo o darle patadas. Cuando se habla de emitir energía, un científico habla de emisión de luz o partículas que con esa energía, ya sea electromagnética o cinética. Sin embargo, para un astrólogo esa energía es algo real que se emite por los planetas, que absorben los humanos, pero que no son nada conocido. Para fotógrafos Kyrlian, o curanderos New Age, la energía es algo que nos envuelve, que emite el cuerpo, o que fluye por él, y que determina nuestro estado de salud.
Pero cuando se habla de energía desconocida en realidad, no se está diciendo nada. Es, una vez más, una definición en negativo, de la que es imposible hacer hipótesis, predicciones y experimentos. Estrictamente sólo significaría que no sabemos qué estamos estudiando. El hecho de saber por qué tipo de energía se describe un sistema, hace que sepamos cómo interacciona con otros sistemas. Sabemos cómo un fotón interacciona con una célula solar, y cómo su energía se transforma en energía eléctrica. Pero de una energía desconocida, no se puede saber (¡por definición!) qué sistema se está describiendo, ni cómo se puede transformar, y por tanto es imposible de saber siquiera si existe.
Lo que si hay en cambio, son las energías negativas y positivas. Pero no tienen nada que ver con lo que se postula en pseudociencia. Para ellos, estas energías equivalen a buenas o malas, que nos benefician, o nos perjudican. Y por supuesto, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Las situaciones interesantes en física se dan cuando hay un intercambio, una variación de la energía, sin importar su valor absoluto. El hecho de poner un signo + ó - delante, no altera para nada el concepto. Simplemente, es un número negativo o positivo. Así, los electrones dentro de un átomo se describen por una energía negativa, que representa una energía de ligadura, energía que hay que darles (con rayos X, un electrón con energía cinética suficiente, un campo eléctrico intenso...) para ser arrancados del núcleo. Cuando se le da suficiente energía al electrón, una primera parte (hasta que la energía del electrón varía hasta cero), se emplea en arrancarlo del núcleo. El resto se emplea en darle una energía cinética.
Nada que ver con la salud ni con poltergeists.
Aunque quizás haya que agradecer el mal uso de este término, porque así es bastante sencillo reconocer una pseudociencia en seguida. Y no es la única palabra. Algún día hablaremos de otras.
Es una palabra perfectamente definida en ciencia, con un significado claro y preciso. Sin embargo, la pseudociencia sólo usa el término, prescindiendo de su significado, o inventándose uno nuevo a conveniencia que se ajuste a lo que se quiere justificar. Y así, es habitual leer u oir esta palabra acompañada de ciertos adjetivos clave: energías desconocidas, positivas, negativas, inteligentes, pura, rojas, verdes, tutti frutti...
La energía como tal no es nada tangible, que se vea o se toque. No es más que una medida de la capacidad de un sistema para influir sobre otro. Es sólo un número que describe al sistema, y que sirve para traducir las propiedades de éste para poder compararlo con otro, y saber qué tipo de interacciones pueden darse.
Por así decirlo, y salvando las distancias, la energía es como el dinero, pero sin monedas. Si alguien tiene un coche, puede venderlo, y con el dinero, comprar una vaca. Si nos saltamos el paso de cobrar en moneda, y vamos directamente a la vieja costumbre del trueque, el coche se transforma en una vaca. Ambos valen el mismo dinero, dinero que no vemos ni tocamos en nigún momento, que sólo sirve para comparar el valor ambos artículos.
Igual ocurre con la energía: cuando una onda de luz eletromagnética pasa a través de una célula solar, la luz se transforma, se troca, por corriente eléctrica; dos sistemas distintos con una misma energía que en ningún momento se ve ni se toca.
La energía pues, no es más que una descripción que sirve para comparar sistemas, y que necesita un adjetivo: energía cinética (partículas en movimiento), energía potencial (energía acumulada que puede transformarse en cinética por estar en una posición determinada), energía electromagnética (una onda de luz), energía de ligadura (enlace entre dos partículas), y así unas cuantas más, entre ellas la más conocida, por la que la materia también se posee una energía (E=mc2).
Estas descripciones en base a un número nos permite comparar sistemas que en principio no tendrían nada que ver. Por ejemplo, un átomo de Uranio, posee unos protones y neutrones que por el hecho de estar enlazados entre ellos, acumulan una energía de ligadura. Cuando un neutrón choca con el átomo y lo rompe, se produce emisión de radiación (energía electromagnética), y los fragmentos salen despedidos a una velocidad (energía cinética) que antes no tenían. Estas energías provienen de la energía de ligadura. Se ha transformado un átomo pesado estático, por dos más ligeros en movimiento, y radiación.
En cambio, el uso que se da en pseudociencia a esta palabra es como si se tratara de algo real que se pudiera tocar con las manos. Se le atribuye una entidad, como si puderia recogerse en un cubo o darle patadas. Cuando se habla de emitir energía, un científico habla de emisión de luz o partículas que con esa energía, ya sea electromagnética o cinética. Sin embargo, para un astrólogo esa energía es algo real que se emite por los planetas, que absorben los humanos, pero que no son nada conocido. Para fotógrafos Kyrlian, o curanderos New Age, la energía es algo que nos envuelve, que emite el cuerpo, o que fluye por él, y que determina nuestro estado de salud.
Pero cuando se habla de energía desconocida en realidad, no se está diciendo nada. Es, una vez más, una definición en negativo, de la que es imposible hacer hipótesis, predicciones y experimentos. Estrictamente sólo significaría que no sabemos qué estamos estudiando. El hecho de saber por qué tipo de energía se describe un sistema, hace que sepamos cómo interacciona con otros sistemas. Sabemos cómo un fotón interacciona con una célula solar, y cómo su energía se transforma en energía eléctrica. Pero de una energía desconocida, no se puede saber (¡por definición!) qué sistema se está describiendo, ni cómo se puede transformar, y por tanto es imposible de saber siquiera si existe.
Lo que si hay en cambio, son las energías negativas y positivas. Pero no tienen nada que ver con lo que se postula en pseudociencia. Para ellos, estas energías equivalen a buenas o malas, que nos benefician, o nos perjudican. Y por supuesto, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Las situaciones interesantes en física se dan cuando hay un intercambio, una variación de la energía, sin importar su valor absoluto. El hecho de poner un signo + ó - delante, no altera para nada el concepto. Simplemente, es un número negativo o positivo. Así, los electrones dentro de un átomo se describen por una energía negativa, que representa una energía de ligadura, energía que hay que darles (con rayos X, un electrón con energía cinética suficiente, un campo eléctrico intenso...) para ser arrancados del núcleo. Cuando se le da suficiente energía al electrón, una primera parte (hasta que la energía del electrón varía hasta cero), se emplea en arrancarlo del núcleo. El resto se emplea en darle una energía cinética.
Nada que ver con la salud ni con poltergeists.
Aunque quizás haya que agradecer el mal uso de este término, porque así es bastante sencillo reconocer una pseudociencia en seguida. Y no es la única palabra. Algún día hablaremos de otras.
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Ciencia y Pseudociencia
martes, junio 14, 2005
Preparándonos para un eclipse
Hoy vamos a hacer un descanso en esto de pelear contra el pensamiento mágico, y vamos a hablar de chapuzas caseras.
El próximo 3 de Octubre, en España vamos a tener la suerte de ver un eclipse solar anular. Lunes, a eso de las 11 de la mañana. Si habías quedado ya, desqueda.
Al que suscribe, que no ha vivido lo suficiente como para estar aburrido de ver estos fenómenos astronómicos, le gusta tener recuerdos de estos momentos. He aquí el tránsito de Venus del año pasado, proyectado con un catalejo.

Así que nos estamos preparando para poder fotografiar el suceso, y vamos a compartir la experiencia por si a alguien le parece interesante y se anima a hacer lo mismo o le da ideas para algo.
Podemos coger y hacerle una foto al sol directamente con la cámara. Pero la experiencia que tengo de fotografiar alguna puesta de sol, es obtener un disco rojo, sobre las siluetas de unas montañas... muy bonito, pero el sol se ve muy pequeño para mi gusto. A las 11 de la mañana, sospecho que quemaré la película, y no saldrá nada.
Uno no es rico, así que no tiene para comprarse objetivos y filtros especiales, que seguro que se venden. Y además, siempre da gusto el chapucearse uno mismo las cosas.
Así que hemos optado por fabricarnos una cámara oscura, (una "cámara de agujero"), pero usando una cámara reflex, a la que se puede quitar el objetivo, y ajustar tiempos de exposición. Y en su lugar colocar unos tubos de PVC, con una tapa a la que le hemos hecho un agujero de un milímetro en el centro, y sobre él, un trozo de papel de aluminio, donde se ha hecho un agujero con una aguja... así a ojo, es de unas 3 décimas de milímetro de diámetro. Cuanto más pequeño, más nítida es la imagen. Así, tenemos un tubo de unos 15 cm de longitud, con un agujero que forma una imagen, ampliada además, sobre la película. Simple, barato, y además, con la facilidad para manejar el carrete que da la cámara.
A quien le interese el funcionamiento de una cámara oscura, le remito a un enlace: un enlace , que lo explicará mejor que yo.
Normalmente, cuando se hacen fotos de objetos, personas, o paisajes con estas cámaras, se necesita bastante tiempo de exposición, porque la luz que entra es una fracción muy pequeña. Sin embargo, del Sol eso es precisamente lo que nos sobra, y aún con un agujero tan pequeño, el sol es brillante, (aunque no deslumbra) a través de la mirilla de la cámara. Así que con poco tiempo de exposición, con un carrete normal [ISO100, aunque quizás con uno menos sensible sería mejor (?)] es posible hacer una foto nítida.
Para quien no tenga cámara que se pueda acoplar, puede optar por la chapuza "B": añadir una segunda sección de tubo, con un extremo tapado con un papel pegado, pero mojado con aceite para que sea translúcido. El extremo del papel se coloca a continuación del "objetivo", y se mira por el otro extremo. Si miras directamente al Sol, verás un punto luminoso sobre el papel. Eso si muy pequeño, así que si quieres ver algo más llamativo, tendrás que aumentar con más tubería la distancia del agujero al papel. Ten en cuenta que la distancia mínima a la que enfoca un ojo son unos 15 cm forzándolo, asi que entre el papel y tu ojo debes dejar una distancia así para poder ver bien la imagen.
Como última curiosidad, con éste último "invento", si el día está nublado, pero es muy luminoso (al atardecer, con el sol tapado por nubes finas), podrás llegar a ver la imagen de las nubes, y la silueta del horizonte... eso sí, del revés.
Aquí, una foto que hice de la imagen que se forma sobre el papel con una cámara digital cutre en un atardecer nublado pero luminoso. Se ve el sol difuminado en las nubes, el horizonte y una farola que había en medio. Si tienes una cámara buena, que permita ajustar la sensibilidad y el tiempo de exposición, quizás las consigas mucho mejores. Tendrás que ajustar el brillo y contraste del monitor para llegar a ver algo, porque es muy oscura.

(La foto de la farola es otro día distinto, que ya estaba encendida)
Pues nada, cuando llegue el eclipse ya enseñaremos las fotos que se consigan, si quedan bonitas.
(Nota mental: Para el eclipse solar total del 12 de Agosto de 2026, a las 8.25 de la tarde, visible desde Burgos, hay que inventarse algo... tiempo hay.
Post data: 12 de Agosto de 2026 a las 8.25 de la tarde en Burgos... eso es una predicción y no la astrología)
El próximo 3 de Octubre, en España vamos a tener la suerte de ver un eclipse solar anular. Lunes, a eso de las 11 de la mañana. Si habías quedado ya, desqueda.
Al que suscribe, que no ha vivido lo suficiente como para estar aburrido de ver estos fenómenos astronómicos, le gusta tener recuerdos de estos momentos. He aquí el tránsito de Venus del año pasado, proyectado con un catalejo.
Así que nos estamos preparando para poder fotografiar el suceso, y vamos a compartir la experiencia por si a alguien le parece interesante y se anima a hacer lo mismo o le da ideas para algo.
Podemos coger y hacerle una foto al sol directamente con la cámara. Pero la experiencia que tengo de fotografiar alguna puesta de sol, es obtener un disco rojo, sobre las siluetas de unas montañas... muy bonito, pero el sol se ve muy pequeño para mi gusto. A las 11 de la mañana, sospecho que quemaré la película, y no saldrá nada.
Uno no es rico, así que no tiene para comprarse objetivos y filtros especiales, que seguro que se venden. Y además, siempre da gusto el chapucearse uno mismo las cosas.
Así que hemos optado por fabricarnos una cámara oscura, (una "cámara de agujero"), pero usando una cámara reflex, a la que se puede quitar el objetivo, y ajustar tiempos de exposición. Y en su lugar colocar unos tubos de PVC, con una tapa a la que le hemos hecho un agujero de un milímetro en el centro, y sobre él, un trozo de papel de aluminio, donde se ha hecho un agujero con una aguja... así a ojo, es de unas 3 décimas de milímetro de diámetro. Cuanto más pequeño, más nítida es la imagen. Así, tenemos un tubo de unos 15 cm de longitud, con un agujero que forma una imagen, ampliada además, sobre la película. Simple, barato, y además, con la facilidad para manejar el carrete que da la cámara.
A quien le interese el funcionamiento de una cámara oscura, le remito a un enlace: un enlace , que lo explicará mejor que yo.
Normalmente, cuando se hacen fotos de objetos, personas, o paisajes con estas cámaras, se necesita bastante tiempo de exposición, porque la luz que entra es una fracción muy pequeña. Sin embargo, del Sol eso es precisamente lo que nos sobra, y aún con un agujero tan pequeño, el sol es brillante, (aunque no deslumbra) a través de la mirilla de la cámara. Así que con poco tiempo de exposición, con un carrete normal [ISO100, aunque quizás con uno menos sensible sería mejor (?)] es posible hacer una foto nítida.
Para quien no tenga cámara que se pueda acoplar, puede optar por la chapuza "B": añadir una segunda sección de tubo, con un extremo tapado con un papel pegado, pero mojado con aceite para que sea translúcido. El extremo del papel se coloca a continuación del "objetivo", y se mira por el otro extremo. Si miras directamente al Sol, verás un punto luminoso sobre el papel. Eso si muy pequeño, así que si quieres ver algo más llamativo, tendrás que aumentar con más tubería la distancia del agujero al papel. Ten en cuenta que la distancia mínima a la que enfoca un ojo son unos 15 cm forzándolo, asi que entre el papel y tu ojo debes dejar una distancia así para poder ver bien la imagen.
Como última curiosidad, con éste último "invento", si el día está nublado, pero es muy luminoso (al atardecer, con el sol tapado por nubes finas), podrás llegar a ver la imagen de las nubes, y la silueta del horizonte... eso sí, del revés.
Aquí, una foto que hice de la imagen que se forma sobre el papel con una cámara digital cutre en un atardecer nublado pero luminoso. Se ve el sol difuminado en las nubes, el horizonte y una farola que había en medio. Si tienes una cámara buena, que permita ajustar la sensibilidad y el tiempo de exposición, quizás las consigas mucho mejores. Tendrás que ajustar el brillo y contraste del monitor para llegar a ver algo, porque es muy oscura.

Pues nada, cuando llegue el eclipse ya enseñaremos las fotos que se consigan, si quedan bonitas.
(Nota mental: Para el eclipse solar total del 12 de Agosto de 2026, a las 8.25 de la tarde, visible desde Burgos, hay que inventarse algo... tiempo hay.
Post data: 12 de Agosto de 2026 a las 8.25 de la tarde en Burgos... eso es una predicción y no la astrología)
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lunes, mayo 23, 2005
El método pseudocientífico
¿Alguien se imagina a Newton dejando caer una manzana una y otra vez,... y nada más? Es poco probable que hubiera llegado a enunciar la Ley de Gravitación Universal de esta forma.
¿Alguien se imagina a Planck tomando espectros de cuerpos negros, una y otra vez,... y nada más? Es poco probable que hubiera llegado a la hipótesis del cuanto de energía.
¿Alguien se imagina a Einstein, repitiendo el experimento de Michelson y Morley, día tras día,... y nada más? Es poco probable que hubiera enunciado la teoría de la relatividad.
Pues esto mismo es lo que hacen los investigadores de pseudociencias: repetir sistemáticamente el mismo experimento, cuyas poco concluyentes conclusiones siempre son para ellos prueba indiscutible de la existencia del supuesto fenómeno que hipotéticamente estudian. Repiten una y otra vez un experimento encaminado a demostrar la existencia de algo, pero nunca dan el segundo paso: Una vez "demostrada" la existencia de ese algo, averiguar cómo se produce.
En líneas generales, el método científico es como sigue:
1 Observación de un fenómeno.
2 Formulación de una hipótesis, teniendo en cuenta los conocimientos actuales.
3 Desarrollo teórico de la hipótesis que permita hacer predicciones.
4 Experimentación controlando todas las variables que influyen en la predicción.
5 Comparación del resultado del experimento con la predicción.
6 Si en la comparación coinciden experimento y predicción, se publica el resultado, detallando minuciosamente teoría y experimento para que otras personas puedan reproducir el resultado, y volvemos al punto 2 para verificar otras predicciones de la hipótesis hasta encontrar una que no coincida.
7 Si la comparación no es buena, se publica el resultado negativo, para que otras personas puedan reproducir el resultado, y volvemos al punto 2 para modificar la teoría de forma que pueda explicar el fenómeno y además, siga siendo válida para los fenómenos que ya explicaba anteriormente.
Echemos una ojeada al método pseudocientífico:
1 Idear una hipótesis que nos guste. No importa que contradiga teorías archidemostradas.
2 Hacer un experimento.
3 Repetir el punto 2, y escribir un libro de vez en cuando.
Como se ve, es mucho más simple. Tanto, que se han olvidado las partes más importantes.
Observación de fenómenos
La observación de un fenómeno no es ir andando por la calle y observar algo que nos llame la atención. Se trata de una observación sistemática de un mismo fenómeno que se manifiesta sin ningún género de duda, siempre en las mismas condiciones, sin ser esquivo, o sujeto a interpretaciones de quien lo ve. Esto permite definir el objeto de estudio, y sus características principales. A veces no hay observación, sino que hay todo un estudio de otro fenómeno distinto que desemboca en la suposición de la existencia de una partícula, campo, o fenómeno, junto con sus características.
Compárese con el método pseudocientífico, que a partir de observaciones casuales, se imaginan hipótesis sin definir las características del objeto de estudio. Muy al contrario, se definen las propiedades que no tienen, una definición en negativo:
- Cuando tenemos una grabación que no ha sido producida por una voz en el micrófono, que no es una interferencia, ni un ruido que se confunde con palabras, eso es una psicofonía.
- Cuando tenemos una luz en el cielo que no se mueve como un avión, es una nave extraterrestre.
- Cuando una cara que sale en el cemento no es una mancha de humedad, ni la han pintado seres humanos, eso es una teleplastia.
En general, cuando ocurre algo que no se entiende a la primera, eso es paranormal. Ya sabemos lo que no es. Pero seguimos sin saber lo que es.
Y es que, mientras la observación del método científico es, por así decirlo, la definición en positivo de un fenómeno para poder estudiar su origen, qué lo causa y su mecanismo fundamental, la finalidad del método pseudocientífico es sólo demostrar que el objeto de estudio existe, sin determinar siquiera las características que tiene.
No es un matiz, es una gran diferencia. Sin saber sus propiedades, es imposible hacer una hipótesis que permita explicar su mecanismo fundamental, y que permita averiguar sus posibles causas.
La experimentación
Se parte de una hipótesis, y se desarrollan sus consecuencias. Se toman las propiedades del objeto de estudio, y se deducen una serie de predicciones y resultados, y cómo estos resultados varían al cambiar alguna de las propiedades. La experimentación consiste en pasar del papel a un aparato de medida estas predicciones. No es hacer un sólo experimento. Un sólo experimento nunca es representativo. Es necesario hacer varios, variando de forma controlada una de las propiedades, y comprobando si todos los resultados coinciden con lo previsto por la teoría desarrollada. Pero hacer varios tampoco significa repetirlos hasta el aburrimiento.
En pseudociencia, sin embargo, no hay definición de propiedades que permitan predecir un resultado. Así, experimentar significa hacer una y otra vez el mismo experimento sin un control de las variables, porque ni siquiera se conocen.
Pero el mayor lastre de no de tener una buena hipótesis es la imposibilidad de comparar experimento y teoría. Así, es normal que se saque cualquier conclusión, que por supuesto siempre es favorable a la tesis asumida.
Véase, por ejemplo, el caso de las psicofonías (con más detalle, aquí), en que supuestamente se pueden obtener los mismos resultados usando un micrófono, que sin usarlo. Es una evidencia clarísima de que las psicofonías existen... o de que el micrófono no es una variable importante, y nada tiene que ver con lo que está ocurriendo.
Es más, si existen varias hipótesis para el mismo fenómeno, ni siquiera hay forma de distinguir entre ellas. Si captamos una psicofonía, ¿cómo se distingue una voz del Más Allá, de una interferencia radiofónica, o de una emisión telepática del investigador?
O si una persona consigue acertar la colocación al azar de 25 cartas que un experimentador tiene en su mano, ¿ha sido una casualidad del azar? ¿Posee la capacidad de adivinación? ¿O ha sido por transmisión telepática?
¿Y cómo se distingue una mancha de humedad, de un dibujo hecho a mano sobre el cemento, o de una auténtica teleplastia?
En todo los casos, son causas y mecanismos muy distintos. Y sin embargo, dan resultados indistinguibles. Es indicativo de un mal diseño del experimento.
¿Y ahora, qué?
Un investigador ha hecho un experimento que, según sus conclusiones, demuestra la existencia de algún fenómeno paranormal. ¿Y ahora qué? Porque demostrar su existencia no es lo mismo que explicarlo, ni siquiera describirlo.
El método pseudocientífico exige que en este caso, lo apropiado es... repetir el experimento.
Es como si Newton, después de caerle encima la primera manzana, dejara caer él una segunda, una tercera, cuarta, quinta y así hasta aburrirse. O como si Planck, tras ver varios espectros de cuerpos negros, decidiera seguir coleccionando espectros. O como si Einstein, tras comprobar la validez del experimento de Michelson y Morley, decidiera volver a hacerlo todos los días.
Si existen las psicofonías entendidas como voces del Mas Allá, ¿cómo consiguen registrar su voz en una cinta? ¿Le hablan al micrófono? ¿manipulan magnéticamente la cinta? ¿Cómo consiguen interaccionar con el Más Acá? ¿Podemos nosotros interaccionar con el Más Allá también?. Estas preguntas no se responden poniendo una grabadora en un cementerio, y obteniendo una coleccion de 75.000 psicofonías.
Si existe la telepatía, ¿qué alcance tiene? ¿Qué parte del cerebro se ocupa de ella? ¿Es genético? ¿Cualquier animal la tiene? ¿Cómo se produce la transmisión? ¿Y la recepción? ¿Cuál es el medio de transmisión? ¿Son ondas electromagnéticas, de presión o gravitacionales? ¿A qué velocidad se transmiten? Estas preguntas no se responden pasando cartas delante de una persona para que las adivine.
Si existen las teleplastias, ¿existe una humedad mínima para que se formen? ¿Se forman más cuando hay más humedad ambiente? ¿Desaparecen más rápido con menor humedad? Respuestas que no se encuentran pasando una fregona por el suelo.
Afortunadamente para nosotros, Newton, Planck y Einstein prefirieron irse a casa a pensar y no repetir ad nauseam unos experimentos que sólo demostraban la existencia de unos fenómenos*.
Como curiosidad final, la comprobación de la Teoría Universal de Gravitación, no se hizo dejando caer objetos, sino con el experimento de la barra de torsión de Cavendish . La cuantización de energía no se comprobó tomando más espectros de cuerpo negro, sino con la explicación del efecto fotoeléctrico. Ni siquiera la teoría de la relatividad se comprobó repitiendo el experimento de Michelson - Morley, sino comprobando la desviación de la luz al pasar al lado del sol, tal y como predecía.
___________________________________
* Fenómenos que al menos existían, porque en pseudociencia, ni eso está demostrado.
Enlaces recomendados:
Ley de Gravitación Universal, y el experimento de Cavendish
La radiación del cuerpo negro de Planck
El experimento de Michelson y Morley
"Como un huevo a una castaña", sobre psicofonías en este mismo blog
Las Caras de Belmez
¿Alguien se imagina a Planck tomando espectros de cuerpos negros, una y otra vez,... y nada más? Es poco probable que hubiera llegado a la hipótesis del cuanto de energía.
¿Alguien se imagina a Einstein, repitiendo el experimento de Michelson y Morley, día tras día,... y nada más? Es poco probable que hubiera enunciado la teoría de la relatividad.
Pues esto mismo es lo que hacen los investigadores de pseudociencias: repetir sistemáticamente el mismo experimento, cuyas poco concluyentes conclusiones siempre son para ellos prueba indiscutible de la existencia del supuesto fenómeno que hipotéticamente estudian. Repiten una y otra vez un experimento encaminado a demostrar la existencia de algo, pero nunca dan el segundo paso: Una vez "demostrada" la existencia de ese algo, averiguar cómo se produce.
En líneas generales, el método científico es como sigue:
1 Observación de un fenómeno.
2 Formulación de una hipótesis, teniendo en cuenta los conocimientos actuales.
3 Desarrollo teórico de la hipótesis que permita hacer predicciones.
4 Experimentación controlando todas las variables que influyen en la predicción.
5 Comparación del resultado del experimento con la predicción.
6 Si en la comparación coinciden experimento y predicción, se publica el resultado, detallando minuciosamente teoría y experimento para que otras personas puedan reproducir el resultado, y volvemos al punto 2 para verificar otras predicciones de la hipótesis hasta encontrar una que no coincida.
7 Si la comparación no es buena, se publica el resultado negativo, para que otras personas puedan reproducir el resultado, y volvemos al punto 2 para modificar la teoría de forma que pueda explicar el fenómeno y además, siga siendo válida para los fenómenos que ya explicaba anteriormente.
Echemos una ojeada al método pseudocientífico:
1 Idear una hipótesis que nos guste. No importa que contradiga teorías archidemostradas.
2 Hacer un experimento.
3 Repetir el punto 2, y escribir un libro de vez en cuando.
Como se ve, es mucho más simple. Tanto, que se han olvidado las partes más importantes.
Observación de fenómenos
La observación de un fenómeno no es ir andando por la calle y observar algo que nos llame la atención. Se trata de una observación sistemática de un mismo fenómeno que se manifiesta sin ningún género de duda, siempre en las mismas condiciones, sin ser esquivo, o sujeto a interpretaciones de quien lo ve. Esto permite definir el objeto de estudio, y sus características principales. A veces no hay observación, sino que hay todo un estudio de otro fenómeno distinto que desemboca en la suposición de la existencia de una partícula, campo, o fenómeno, junto con sus características.
Compárese con el método pseudocientífico, que a partir de observaciones casuales, se imaginan hipótesis sin definir las características del objeto de estudio. Muy al contrario, se definen las propiedades que no tienen, una definición en negativo:
- Cuando tenemos una grabación que no ha sido producida por una voz en el micrófono, que no es una interferencia, ni un ruido que se confunde con palabras, eso es una psicofonía.
- Cuando tenemos una luz en el cielo que no se mueve como un avión, es una nave extraterrestre.
- Cuando una cara que sale en el cemento no es una mancha de humedad, ni la han pintado seres humanos, eso es una teleplastia.
En general, cuando ocurre algo que no se entiende a la primera, eso es paranormal. Ya sabemos lo que no es. Pero seguimos sin saber lo que es.
Y es que, mientras la observación del método científico es, por así decirlo, la definición en positivo de un fenómeno para poder estudiar su origen, qué lo causa y su mecanismo fundamental, la finalidad del método pseudocientífico es sólo demostrar que el objeto de estudio existe, sin determinar siquiera las características que tiene.
No es un matiz, es una gran diferencia. Sin saber sus propiedades, es imposible hacer una hipótesis que permita explicar su mecanismo fundamental, y que permita averiguar sus posibles causas.
La experimentación
Se parte de una hipótesis, y se desarrollan sus consecuencias. Se toman las propiedades del objeto de estudio, y se deducen una serie de predicciones y resultados, y cómo estos resultados varían al cambiar alguna de las propiedades. La experimentación consiste en pasar del papel a un aparato de medida estas predicciones. No es hacer un sólo experimento. Un sólo experimento nunca es representativo. Es necesario hacer varios, variando de forma controlada una de las propiedades, y comprobando si todos los resultados coinciden con lo previsto por la teoría desarrollada. Pero hacer varios tampoco significa repetirlos hasta el aburrimiento.
En pseudociencia, sin embargo, no hay definición de propiedades que permitan predecir un resultado. Así, experimentar significa hacer una y otra vez el mismo experimento sin un control de las variables, porque ni siquiera se conocen.
Pero el mayor lastre de no de tener una buena hipótesis es la imposibilidad de comparar experimento y teoría. Así, es normal que se saque cualquier conclusión, que por supuesto siempre es favorable a la tesis asumida.
Véase, por ejemplo, el caso de las psicofonías (con más detalle, aquí), en que supuestamente se pueden obtener los mismos resultados usando un micrófono, que sin usarlo. Es una evidencia clarísima de que las psicofonías existen... o de que el micrófono no es una variable importante, y nada tiene que ver con lo que está ocurriendo.
Es más, si existen varias hipótesis para el mismo fenómeno, ni siquiera hay forma de distinguir entre ellas. Si captamos una psicofonía, ¿cómo se distingue una voz del Más Allá, de una interferencia radiofónica, o de una emisión telepática del investigador?
O si una persona consigue acertar la colocación al azar de 25 cartas que un experimentador tiene en su mano, ¿ha sido una casualidad del azar? ¿Posee la capacidad de adivinación? ¿O ha sido por transmisión telepática?
¿Y cómo se distingue una mancha de humedad, de un dibujo hecho a mano sobre el cemento, o de una auténtica teleplastia?
En todo los casos, son causas y mecanismos muy distintos. Y sin embargo, dan resultados indistinguibles. Es indicativo de un mal diseño del experimento.
¿Y ahora, qué?
Un investigador ha hecho un experimento que, según sus conclusiones, demuestra la existencia de algún fenómeno paranormal. ¿Y ahora qué? Porque demostrar su existencia no es lo mismo que explicarlo, ni siquiera describirlo.
El método pseudocientífico exige que en este caso, lo apropiado es... repetir el experimento.
Es como si Newton, después de caerle encima la primera manzana, dejara caer él una segunda, una tercera, cuarta, quinta y así hasta aburrirse. O como si Planck, tras ver varios espectros de cuerpos negros, decidiera seguir coleccionando espectros. O como si Einstein, tras comprobar la validez del experimento de Michelson y Morley, decidiera volver a hacerlo todos los días.
Si existen las psicofonías entendidas como voces del Mas Allá, ¿cómo consiguen registrar su voz en una cinta? ¿Le hablan al micrófono? ¿manipulan magnéticamente la cinta? ¿Cómo consiguen interaccionar con el Más Acá? ¿Podemos nosotros interaccionar con el Más Allá también?. Estas preguntas no se responden poniendo una grabadora en un cementerio, y obteniendo una coleccion de 75.000 psicofonías.
Si existe la telepatía, ¿qué alcance tiene? ¿Qué parte del cerebro se ocupa de ella? ¿Es genético? ¿Cualquier animal la tiene? ¿Cómo se produce la transmisión? ¿Y la recepción? ¿Cuál es el medio de transmisión? ¿Son ondas electromagnéticas, de presión o gravitacionales? ¿A qué velocidad se transmiten? Estas preguntas no se responden pasando cartas delante de una persona para que las adivine.
Si existen las teleplastias, ¿existe una humedad mínima para que se formen? ¿Se forman más cuando hay más humedad ambiente? ¿Desaparecen más rápido con menor humedad? Respuestas que no se encuentran pasando una fregona por el suelo.
Afortunadamente para nosotros, Newton, Planck y Einstein prefirieron irse a casa a pensar y no repetir ad nauseam unos experimentos que sólo demostraban la existencia de unos fenómenos*.
Como curiosidad final, la comprobación de la Teoría Universal de Gravitación, no se hizo dejando caer objetos, sino con el experimento de la barra de torsión de Cavendish . La cuantización de energía no se comprobó tomando más espectros de cuerpo negro, sino con la explicación del efecto fotoeléctrico. Ni siquiera la teoría de la relatividad se comprobó repitiendo el experimento de Michelson - Morley, sino comprobando la desviación de la luz al pasar al lado del sol, tal y como predecía.
___________________________________
* Fenómenos que al menos existían, porque en pseudociencia, ni eso está demostrado.
Enlaces recomendados:
Ley de Gravitación Universal, y el experimento de Cavendish
La radiación del cuerpo negro de Planck
El experimento de Michelson y Morley
"Como un huevo a una castaña", sobre psicofonías en este mismo blog
Las Caras de Belmez
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Ciencia y Pseudociencia
viernes, mayo 13, 2005
Mi ordenador es telépata
...O esa conclusión sacarían Marisol y José Antonio Roldán tras comprobar cómo unos resultados suyos obtenidos en un macro - experimento han sido reproducidos en los laboratorios secretos de Gluón con Leche, financiados por la CIA, el KGB y Protección Civil de Pardilla (Burgos).
En Noviembre de 2004, Roldán & Roldán decidieron llevar a cabo un macro - experimento (sic) de percepción extrasensorial aprovechando un certamen en Barcelona. En él, evaluaron en 1356 personas su capacidad telepática de azar con cartas Zener. Para aquellos despistados, decir que una baraja Zener está formada por 25 cartas, divididas en 5 grupos o palos (círculos, cuadrados, estrellas, ondas y cruces), y no tienen nada que ver con los (más útiles) diodos. La prueba consiste en barajar las cartas, para sacarlas de una en una sin que las vea el supuesto telépata. Éste debe adivinar qué palo ha salido, según las percepciones que reciba. Un número significativo de aciertos, mostraría (hipotéticamente) que esa persona tiene ciertas capacidades extrasensoriales.
En sus conclusiones, destacan que para su sorpresa, el 45% de la gente, fue capaz de acertar más cartas que lo esperado por puro azar. Y que de ellos, un 12% fue capaz de acertar un número muy alto de naipes.
En Gluón con Leche hemos ido más allá, y hemos decidido simular el experimento, con la ayuda de un ordenador y un pequeño programa, que debido a los nulos conocimientos de flash, los lectores de esta bitácora pueden bajarse gratis en C++ para compilarlo ellos mismos, y experimentar por su cuenta: PES.cpp.
Como una muestra de 1356 parecía pequeña, decidimos realizar la simulación un millón de veces, representando cada vez a una persona que se somete al experimento. En cada experimento simulado, barajamos las cartas generando aleatoriamente una lista de 25 cartas compuestas de 5 naipes de 5 palos distintos. Luego, aleatoriamente también se genera una lista de predicciones de 25 naipes, sin tener en cuenta el número de naipes por cada palo. Se ha hecho así bajo la suposición de que con un número alto de cartas (25), una persona no se va a preocupar de contar cuantas veces ha predicho ya tal o cual palo. Luego, se comparan ambas listas posición a posición, y se anota el número de coincidencias obtenidas, que se interpretan como aciertos.
Conviene señalar una vez más que en la simulación el proceso es aleatorio, y el ordenador no entra en trance, ni se concentra para adivinar carta alguna.
Corrido el programa, he aquí los resultados:
- El 38.3% de las personas, acierta más veces a lo esperado por azar (de 6 a 16, siendo 5 lo esperado)
- De ellos, el 12.2% acierta un número elevado de cartas (de 9 a 16 aciertos)
Resultados similares a los obtenidos por Roldán & Roldán. Pero, ¡oh, sorpresa!, estos resultados has sido generados por azar. El truco está en que Los Roldanes, o bien no saben nada de números, o muy al contrario, saben demasiado bien cómo presentarlos para que parezcan algo que no son.
Como una imagen vale más que mil palabras, representemos en un histograma el número de aciertos frente al porcentaje de veces que se han obtenido esos aciertos. Es decir, vamos a representar un histograma, o distribución de probabilidad.

(Pinchar para ver ampliado)
Como se puede comprobar, los mismos datos en una gráfica pierden la espectacularidad que parecían tener explicados de palabra.
Cualquier matemático, cualquier persona que haya experimentado mínimamente en un laboratorio, o cualquier persona con un mínimo conocimiento de estadística, reconoce la forma de esa distribución: en primera aproximación, es una Campana de Gauss, o Gaussiana, que aparece en cualquier tipo medida sistemática. Se caracteriza por tres valores:
- Valor medio: Al hacer muchas medidas de un mismo sistema, éstas se distribuyen en torno a un valor central o medio, que se toma como valor verdadero de la medida, mientras que el número de veces que salen otros valores es menor cuanto más lejos estemos de ese valor medio. Es un valor que depende principalmente de qué se va a medir, y en menor medida del sistema de medida (la capacidad telepática o probabilidad de acertar, con una baraja Zener)
- Anchura: También llamada desviación típica. Se relaciona con el rango de valores de una serie de medidas. Exactamente, determina entre qué rango de valores caería una medida 2 de cada 3 veces. Es un valor que depende principalmente del sistema de medida (una baraja con 5 palos de 5 naipes produce una anchura distinta que una baraja con 7 palos de 7 naipes)
- Área: Se relaciona con el número de veces que se lleva a cabo el experimento. Se sustituye a menudo por la Amplitud, que determina la probabilidad (máxima) de que al hacer una medida el resultado sea el valor medio. Cuando se usa la amplitud, la anchura se cambia por su mitad (la semianchura)
Aplicada esta receta a nuestra distribución, tenemos que el valor medio es de 5 aciertos (las "centésimas de acierto" no existen, por lo que se redondea al número entero más próximo), y que la probabilidad es del 19.9%, que, teniendo en cuenta el error estimado, está de acuerdo con lo que cualquiera calcula usando el popular método de "la cuenta de la vieja": 25 cartas con probabilidad de 1 entre 5 (20%), hacen un total de 5 aciertos. Cuya interpretación correcta según una gaussiana es que un 20% de las veces se acertarán 5 cartas, mientras que el 68% de las veces, una persona acertará de 3 a 7 cartas, debido a los 2 aciertos de semianchura.
Aquí hay que señalar que Roldán & Roldán dicen en su artículo que la media esperada por cuenta de la vieja, es de entre 6 y 7 aciertos. Esto hace pensar que o bien no conocen tal método, o que usan una baraja Zener distinta.
Respecto a la afirmación de que el 45% acierta por encima de la media, nos basta con ver como con nuestra distribución el 38.3% también acierta por encima de la media. Y estos resultados no son aciertos por encima de lo previsto por azar, sino precisamente ¡Los esperados por azar!
Por si a alguien le parece que del 45% a 38% hay una diferencia significativa, comentar que en el experimento simulado la muestra es muchísimo mayor, o cual siempre reduce las fluctuaciones estadísticas, que es la posible explicación al resultado de Los Roldanes. Como ejemplo, he aquí tres series de simulaciones con una muestra de 1356 personas:

(Pinchar para ver ampliado)
Cada barra corresponde a una serie, y los puntos a la media aritmética de las tres series. Una vez más, el valor medio y la probabilidad son las que tienen que ser. Si se fijan en las barras, verán que para un mismo número de aciertos (4 por ejemplo) el valor obtenido puede variar significativamente entre ellas. De igual forma, el porcentaje de aciertos mayor a la media también fluctúa.
¿Y qué hay de ese 12% que acierta un alto número de cartas? Este es el punto que hace pensar que sí saben de números para poder presentarlos de forma llamativa. Porque un 12% de un 45% es un mucho menos llamativo 5.4% del total. Para Roldán & Roldán estos aciertos altos son de 12 a 16 naipes. Para obtener resultados similares, junto con una media de 6 aciertos como ellos, se necesitarían 24 cartas en 4 palos de 6 naipes cada uno. Ante el desconocimiento de qué baraja exacta usaron, hemos tomado estos aciertos entre 9 y 16, obteniendo un 12.2%, que representan un insignificante 4.7% del total. Una vez más, datos similares obtenidos sólo con el azar, sin poner al ordenador en trance.
Un último punto, en su macro - experimento dicen que 14 personas se acercaron al 90% de aciertos. Dado que hasta ahora no se ha podido ver ningún dato que permita inducir algún tipo de percepción extrasensorial, antes de catalogar a estas 14 personas como interesantes para el estudio, es preferible intentar averiguar si de alguna forma eran capaces de ver, saber o que les chivaran qué carta tenía en su mano el experimentador.
Éste es en definitiva un ejemplo más de cómo no se diseña un experimento, y de cómo no se analizan los datos obtenidos. La simulación se puede leer de dos formas: como la descrita aquí (experimentar sobre un millón de personas) o también como una sola persona que se somete al experimento un millón de veces. Una sola persona haciendo el experimento una sola vez, no produce un resultado significativo (y esto incluye a los 14 del 90%). Es la repetición sistemática (y cuantas más veces mejor) la que establece las propiedades reales de esa persona, que si se limita a la adivinación por azar, resulta en una gráfica como las mostradas. Si el experimento quiere además no evaluar a una sola persona, sino a un conjunto de ellas, significa que a cada uno de los 1356 individuos habría que haberles realizado el test un elevado número de veces.
Por último mencionar que Los Roldanes son promotores de una iniciativa para que se cree un área de conocimiento sobre parapsicología, de forma que se pueda obtener una licenciatura o un grado de formación profesional que permita estudiar científicamente este tipo de materias. Visto lo visto, sólo decirles que para emplear el método y rigor científico lo único que necesitan es estudiar una carrera de ciencias de las ya existentes. Ahí pueden aprender qué son las distribuciones estadísticas, cómo diseñar experimentos y cómo analizar los datos. Y después aplicarlo a estudios como su macro - experimento, y evitar llegar a conclusiones que tienen más de "ganas de creer" que de análisis serio y riguroso.
Más info:
El macro - experimento
Cartas Zener
Distribuciones de probabilidad
La Campana de Gauss
En Noviembre de 2004, Roldán & Roldán decidieron llevar a cabo un macro - experimento (sic) de percepción extrasensorial aprovechando un certamen en Barcelona. En él, evaluaron en 1356 personas su capacidad telepática de azar con cartas Zener. Para aquellos despistados, decir que una baraja Zener está formada por 25 cartas, divididas en 5 grupos o palos (círculos, cuadrados, estrellas, ondas y cruces), y no tienen nada que ver con los (más útiles) diodos. La prueba consiste en barajar las cartas, para sacarlas de una en una sin que las vea el supuesto telépata. Éste debe adivinar qué palo ha salido, según las percepciones que reciba. Un número significativo de aciertos, mostraría (hipotéticamente) que esa persona tiene ciertas capacidades extrasensoriales.
En sus conclusiones, destacan que para su sorpresa, el 45% de la gente, fue capaz de acertar más cartas que lo esperado por puro azar. Y que de ellos, un 12% fue capaz de acertar un número muy alto de naipes.
En Gluón con Leche hemos ido más allá, y hemos decidido simular el experimento, con la ayuda de un ordenador y un pequeño programa, que debido a los nulos conocimientos de flash, los lectores de esta bitácora pueden bajarse gratis en C++ para compilarlo ellos mismos, y experimentar por su cuenta: PES.cpp.
Como una muestra de 1356 parecía pequeña, decidimos realizar la simulación un millón de veces, representando cada vez a una persona que se somete al experimento. En cada experimento simulado, barajamos las cartas generando aleatoriamente una lista de 25 cartas compuestas de 5 naipes de 5 palos distintos. Luego, aleatoriamente también se genera una lista de predicciones de 25 naipes, sin tener en cuenta el número de naipes por cada palo. Se ha hecho así bajo la suposición de que con un número alto de cartas (25), una persona no se va a preocupar de contar cuantas veces ha predicho ya tal o cual palo. Luego, se comparan ambas listas posición a posición, y se anota el número de coincidencias obtenidas, que se interpretan como aciertos.
Conviene señalar una vez más que en la simulación el proceso es aleatorio, y el ordenador no entra en trance, ni se concentra para adivinar carta alguna.
Corrido el programa, he aquí los resultados:
- El 38.3% de las personas, acierta más veces a lo esperado por azar (de 6 a 16, siendo 5 lo esperado)
- De ellos, el 12.2% acierta un número elevado de cartas (de 9 a 16 aciertos)
Resultados similares a los obtenidos por Roldán & Roldán. Pero, ¡oh, sorpresa!, estos resultados has sido generados por azar. El truco está en que Los Roldanes, o bien no saben nada de números, o muy al contrario, saben demasiado bien cómo presentarlos para que parezcan algo que no son.
Como una imagen vale más que mil palabras, representemos en un histograma el número de aciertos frente al porcentaje de veces que se han obtenido esos aciertos. Es decir, vamos a representar un histograma, o distribución de probabilidad.

Como se puede comprobar, los mismos datos en una gráfica pierden la espectacularidad que parecían tener explicados de palabra.
Cualquier matemático, cualquier persona que haya experimentado mínimamente en un laboratorio, o cualquier persona con un mínimo conocimiento de estadística, reconoce la forma de esa distribución: en primera aproximación, es una Campana de Gauss, o Gaussiana, que aparece en cualquier tipo medida sistemática. Se caracteriza por tres valores:
- Valor medio: Al hacer muchas medidas de un mismo sistema, éstas se distribuyen en torno a un valor central o medio, que se toma como valor verdadero de la medida, mientras que el número de veces que salen otros valores es menor cuanto más lejos estemos de ese valor medio. Es un valor que depende principalmente de qué se va a medir, y en menor medida del sistema de medida (la capacidad telepática o probabilidad de acertar, con una baraja Zener)
- Anchura: También llamada desviación típica. Se relaciona con el rango de valores de una serie de medidas. Exactamente, determina entre qué rango de valores caería una medida 2 de cada 3 veces. Es un valor que depende principalmente del sistema de medida (una baraja con 5 palos de 5 naipes produce una anchura distinta que una baraja con 7 palos de 7 naipes)
- Área: Se relaciona con el número de veces que se lleva a cabo el experimento. Se sustituye a menudo por la Amplitud, que determina la probabilidad (máxima) de que al hacer una medida el resultado sea el valor medio. Cuando se usa la amplitud, la anchura se cambia por su mitad (la semianchura)
Aplicada esta receta a nuestra distribución, tenemos que el valor medio es de 5 aciertos (las "centésimas de acierto" no existen, por lo que se redondea al número entero más próximo), y que la probabilidad es del 19.9%, que, teniendo en cuenta el error estimado, está de acuerdo con lo que cualquiera calcula usando el popular método de "la cuenta de la vieja": 25 cartas con probabilidad de 1 entre 5 (20%), hacen un total de 5 aciertos. Cuya interpretación correcta según una gaussiana es que un 20% de las veces se acertarán 5 cartas, mientras que el 68% de las veces, una persona acertará de 3 a 7 cartas, debido a los 2 aciertos de semianchura.
Aquí hay que señalar que Roldán & Roldán dicen en su artículo que la media esperada por cuenta de la vieja, es de entre 6 y 7 aciertos. Esto hace pensar que o bien no conocen tal método, o que usan una baraja Zener distinta.
Respecto a la afirmación de que el 45% acierta por encima de la media, nos basta con ver como con nuestra distribución el 38.3% también acierta por encima de la media. Y estos resultados no son aciertos por encima de lo previsto por azar, sino precisamente ¡Los esperados por azar!
Por si a alguien le parece que del 45% a 38% hay una diferencia significativa, comentar que en el experimento simulado la muestra es muchísimo mayor, o cual siempre reduce las fluctuaciones estadísticas, que es la posible explicación al resultado de Los Roldanes. Como ejemplo, he aquí tres series de simulaciones con una muestra de 1356 personas:

Cada barra corresponde a una serie, y los puntos a la media aritmética de las tres series. Una vez más, el valor medio y la probabilidad son las que tienen que ser. Si se fijan en las barras, verán que para un mismo número de aciertos (4 por ejemplo) el valor obtenido puede variar significativamente entre ellas. De igual forma, el porcentaje de aciertos mayor a la media también fluctúa.
¿Y qué hay de ese 12% que acierta un alto número de cartas? Este es el punto que hace pensar que sí saben de números para poder presentarlos de forma llamativa. Porque un 12% de un 45% es un mucho menos llamativo 5.4% del total. Para Roldán & Roldán estos aciertos altos son de 12 a 16 naipes. Para obtener resultados similares, junto con una media de 6 aciertos como ellos, se necesitarían 24 cartas en 4 palos de 6 naipes cada uno. Ante el desconocimiento de qué baraja exacta usaron, hemos tomado estos aciertos entre 9 y 16, obteniendo un 12.2%, que representan un insignificante 4.7% del total. Una vez más, datos similares obtenidos sólo con el azar, sin poner al ordenador en trance.
Un último punto, en su macro - experimento dicen que 14 personas se acercaron al 90% de aciertos. Dado que hasta ahora no se ha podido ver ningún dato que permita inducir algún tipo de percepción extrasensorial, antes de catalogar a estas 14 personas como interesantes para el estudio, es preferible intentar averiguar si de alguna forma eran capaces de ver, saber o que les chivaran qué carta tenía en su mano el experimentador.
Éste es en definitiva un ejemplo más de cómo no se diseña un experimento, y de cómo no se analizan los datos obtenidos. La simulación se puede leer de dos formas: como la descrita aquí (experimentar sobre un millón de personas) o también como una sola persona que se somete al experimento un millón de veces. Una sola persona haciendo el experimento una sola vez, no produce un resultado significativo (y esto incluye a los 14 del 90%). Es la repetición sistemática (y cuantas más veces mejor) la que establece las propiedades reales de esa persona, que si se limita a la adivinación por azar, resulta en una gráfica como las mostradas. Si el experimento quiere además no evaluar a una sola persona, sino a un conjunto de ellas, significa que a cada uno de los 1356 individuos habría que haberles realizado el test un elevado número de veces.
Por último mencionar que Los Roldanes son promotores de una iniciativa para que se cree un área de conocimiento sobre parapsicología, de forma que se pueda obtener una licenciatura o un grado de formación profesional que permita estudiar científicamente este tipo de materias. Visto lo visto, sólo decirles que para emplear el método y rigor científico lo único que necesitan es estudiar una carrera de ciencias de las ya existentes. Ahí pueden aprender qué son las distribuciones estadísticas, cómo diseñar experimentos y cómo analizar los datos. Y después aplicarlo a estudios como su macro - experimento, y evitar llegar a conclusiones que tienen más de "ganas de creer" que de análisis serio y riguroso.
Más info:
El macro - experimento
Cartas Zener
Distribuciones de probabilidad
La Campana de Gauss
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Laboratorio Secreto GcL,
Telepatía y premonición
jueves, mayo 05, 2005
Hágase su propio medidor de energía vital
A todos nos da pereza ir al médico para comprobar nuestro estado de salud. Por ello, los laboratorios secretos de Gluón con Leche se complacen en presentarles su última invención: el Medidor de Energía Vital (MEV), que le será de gran ayuda a la hora de comprobar su estado de salud, sin tener que esperar esas interminables listas de espera, normalmente pobladas de jubilados que simplemente van a echar la mañana, mientras usted espera pacientemente con sus 39 de fiebre.
La construcción de un MEV está al alcance de cualquier persona de mente abierta con cuatro perras para comprar los accesorios pertinentes. El montaje es como sigue:
1 Hágase usted con dos pilas de 1.5 V, y conéctelas una detrás de la otra.
2 Consiga un amperímetro.
3 Consiga dos cables: Uno lo conecta al amperímetro y a la pila por el polo negativo. El otro cable lo conecta usted al polo positivo del amperímetro, dejando suelto el otro extremo.
4 Ponga el amperímetro en la escala más pequeña que tenga... ¡y ya está listo para medir!.
Sólo ponga un dedo en el polo positivo de la pila, y coja el cable suelto con la otra mano, y ya puede medir su propia energía vital. no olvide cambiar el rótulo de Amperios por un que ponga Bioenergía, Energía Vital o cualquier otra memez del estilo.

Pero si lo que realmente quiere usted es impresionar, entonces meta el MEV en una caja de plástico, añada botones, pantallitas, lucecitas, y póngale un nombre con gancho, que llame la atención, que suene a tecnología de vanguardia integrada en pleno siglo XXI, algo así como BICOM 2000.

Pero, ¿por qué detenerse en el simple diagnóstico de enfermedades cuando ¡también podemos curarlas!? Nada, nada… añada al panfleto algo sobre ondas electromagnéticas y frecuencias, y ya está listo para comprobar y curar la salud de todas sus víct… eeeh… quería decir, pacientes.
La construcción de un MEV está al alcance de cualquier persona de mente abierta con cuatro perras para comprar los accesorios pertinentes. El montaje es como sigue:
1 Hágase usted con dos pilas de 1.5 V, y conéctelas una detrás de la otra.
2 Consiga un amperímetro.
3 Consiga dos cables: Uno lo conecta al amperímetro y a la pila por el polo negativo. El otro cable lo conecta usted al polo positivo del amperímetro, dejando suelto el otro extremo.
4 Ponga el amperímetro en la escala más pequeña que tenga... ¡y ya está listo para medir!.
Sólo ponga un dedo en el polo positivo de la pila, y coja el cable suelto con la otra mano, y ya puede medir su propia energía vital. no olvide cambiar el rótulo de Amperios por un que ponga Bioenergía, Energía Vital o cualquier otra memez del estilo.

Pero si lo que realmente quiere usted es impresionar, entonces meta el MEV en una caja de plástico, añada botones, pantallitas, lucecitas, y póngale un nombre con gancho, que llame la atención, que suene a tecnología de vanguardia integrada en pleno siglo XXI, algo así como BICOM 2000.

Pero, ¿por qué detenerse en el simple diagnóstico de enfermedades cuando ¡también podemos curarlas!? Nada, nada… añada al panfleto algo sobre ondas electromagnéticas y frecuencias, y ya está listo para comprobar y curar la salud de todas sus víct… eeeh… quería decir, pacientes.
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